Título

ALÍ BEY (DOMINGO BADÍA Y LEIBLICH1767-1818)

VIAJES POR MARRUECOS, TRÍPOLI, GRECIA, EGIPTO, ARABIA, PALESTINA SÍRIA Y TURQUÍA (1814)

 

TERRA INCOGNITA. José J. de Olañeta, Editor.

Editorial Olimpo de Barcelona. ISBN: 8497163982

Traducción de Pascual Pérez, 1943

Precedido por "Los viajes de Alí Bey" de Juan Goytisolo,

texto incluido en Crónicas Sarracinas, Ediciones Ruedo Ibérico, Paris 1981

 

INTRODUCCIÓN

Parte Primera. MARRUECOS. Diecinueve capítulos

Parte Primera. TRÍPÒLI Y GRECIA. Ocho capítulos

Parte Tercera. EGIPTO. Cuatro capítulos

Parte Cuarta. ARABIA. Doce capítulos

Parte Quinta. PALESTINA Y SIRIA. Siete capítulos

Parte Sexta. TURQUIA. Cuatro

CONCLUSIÓN

 

reseña concluida en Febrero de 2012

Alí Bei el Abasí

Diarios de los viajes que realiza Domingo Badía bajo la identidad del príncipe abasí Alí Bey por el Norte de África y Sur de Asia, por lo que hoy conocemos como el Oriente Medio. Parte de Tarifa (España) el 29 de junio de 1803. Llega a Tánger para continuar por Fez, Rabat, Uxda y Larache en Marruecos, viajando por mar a Trípoli dirección a Alejandría también por mar, por error en la navegación llega a la isla griega de Sapientza,  visitando Modona en Grecia para arribar tras una tormenta en Chipre donde visita Limassol, Nicosia y Lárnaca. El 12 de mayo de 1806 llega a Alejandría y después visita El cairo, en Egipto. Cruza el mar Rojo hacia Djedda, actual Yida camino de la Meca en Arabia Saudita a la que llega el 23 de enero de 1807 para orar en la Kaaba cumpliendo su peregrinaje musulmán. Visita Medina, después vuelve a Yida para regresar a Egipto cruzando de nuevo el mar Rojo, de El Cairo parte a Suez con destino a Palestina, actual Jerusalén visitando la explanada de las mezquitas en  y los lugares santos del Islam y Cristianismo en Jerusalén, Jaffa, Gaza, Hebrón, Belén y Nazaret. Parte para Siria, llega a Damasco donde describe la mezquita de los Omeyas. Pasa por Homs y Alepo camino de Turquía. Continúa para Constantinopla hoy Estambul, pasando por Antioquia, Tarso, Kenya, Kütahya y Nicea. Termina su periplo en Bucarest tras pasar por Andrianapolis, actual Edirne y Rustchuk. En total 4 años y 4 meses, 1605 días hasta el 19 de Diciembre de 1807.

 

Se describen: Recorridos, Paisajes, Medios de Transporte, Caballerías, Caravanas, Flotas Marítimas, Geografía, Geología, Botánica, Ecosistemas y Fauna, Aduares, Aldeas, Pueblos, Ciudades, Urbanismo, Arquitectura y Sistemas Defensivos, sus Gentes, Estructura Social, Religiones, Ritos y Tradiciones, Gobiernos, Oficios, Sistemas de Defensa, Ejércitos, Costumbres, formas de Vestir y de Comer, Comercio y un sinfín de detalles que hacen de la lectura de este libro una grata experiencia.

el Atlas desde Marraquech

INTRODUCCIÓN


Alabanza sea dada a Dios; a Él que es el altísimo, el inmenso; a Él que nos enseña por el uso de la pluma, que enseña a los hombres a salir de la ignorancia, Alabanza a Dios, que nos guió a la verdadera fe del Islam, hasta el término de la peregrinación y hasta la Tierra Santa.

 

Este libro es del religioso, príncipe, doctor, sherif, peregrino, Ali Bey, hijo de Othomán, príncipe de los Ababassidas, servidor de la casa de Dios la prohibida.

Después de haber empleado tantos años por los estados cristianos estudiando en sus escuelas las ciencias de la Naturaleza y las artes útiles al hombre en el estado de sociedad, sea cual fuese el culto o religión de su corazón, tomé en fin la resolución de viajar por los países musulmanes, y cumpliendo al mismo tiempo con el sagrado deber de la peregrinación a la Meca, observar las costumbres, usos y naturaleza de las tierras que se hallasen al paso, al fin no hacer inútiles las fatigas de tan larga travesía, y si provechosa a mis conciudadanos en el país que escoja finalmente por patria.

 

 

Parte Primera MARRUECOS

 

CAPITULO I. 29 de junio de 1803, llegada a Tánger.

Me embarque en Tarifa en una pequeña lancha; y después, atravesando el Estrecho de Gibraltar, en cuatro horas entre en el de Tanja o Tánger.

La sensación que experimenta el hombre que por primera vez hace esta corta travesía, no puede compararse sino al efecto de un sueño. Pasando en tan breve espacio de tiempo a un mundo absolutamente nuevo, y sin la más remota semejanza con el que acaba de dejar, se halla como realmente transportado a otro planeta.

 

CAPITULO XIII. 19 de febrero de 1804, de saffar 1218 en la héjira.

Llegamos al píe de la gran montaña, descubrí un nuevo horizonte compuesto de colinas bajas que termina a larga distancia la cadena de los montes Atlas, cortando el horizonte en toda la parte del Sur, y en la cual se desprendían principalmente cuatro grandes masas gigantescas y casi aisladas ¡Que sensaciones experimente a la vista de aquella famosa cordillera!

 

CAPITULO XVII. 2 de junio de 1804, viaje a Ouschda.

Teza, ciudad pequeña situada sobre una roca al pie de otras montañas más altas. Es en extremo pintoresco el cuadro que representa. La ciudad está rodeada de murallas antiguas, el minarete de la mezquita sube hacia las nubes como un obelisco. El peñasco escarpado en ciertos parajes, y en otros se halla cubierto de hermosos vergeles; su falda llena de jardines. Por un lado un riachuelo que se precipita, por otro vario arroyos que caen en cascadas y un puente medio arruinado añaden interés al paisaje.

 

Capítulo XIX. De la antigua isla Atlántida.

Interesante hipótesis la que avanza en este capitulo de la existencia de un mar Mediterráneo en el centro de África. Sitúa la Atlántida en la cordillera de los Atlas apoyándose en las narraciones de los sacerdotes egipcios de Sais, concluye que el Sahara pertenece a los restos del mar que se retiro. Continua su exposición intuyendo y justificando sus tesis apoyado en el análisis de las vertiente de los grandes ríos africanos y la evaporación a la que se encuentra sometida el continente, la existencia de un gran mar en el interior del continente, lo compara con los mares Mediterráneo, Caspio o Rojo, hipótesis que la refuerza en el significado etimológico de la palabra bahàr utilizada en las acepciones de grandes masas de agua, ya sean en mares, lagos o grandes ríos.

dibujo de insecto y pez

Cuarta Parte ARABIA

 

CAPITULO III. 17 de febrero de 1807, peregrinación a Aarafat.

Llegados desde las extremidades de la tierra a través de mil peligros e innumerables fatigas para adorar juntos un mismo Dios, el Dios de la Naturaleza; el habitante del Caucazo presentando una mano amiga al etíope o al negro de Guinea; el indio y persa hermanados con el berberisco y el marroquí; todos mirándose como hermanos, o como individuos de una misma familia, unidos con los vínculos de la religión; hablando la mayor parte, o a lo menos comprendiendo poco o mucho la misma lengua, la sagrada lengua de Arabia: no ¡no hay culto que presente a los sentidos espectáculo más sencillo, más tierno, más majestuosos!... ¡Filósofos de la tierra! Permitid a Ali Bey defender su religión, como defendéis vosotros el espiritualismo o el materialismo, el vacío o el lleno, la necesidad de la existencia o la creación.

dibujo del interior de la Kaaba

CAPITULO IV. 22 de febrero de 1807, descripción de la Cava o casa de Dios.

Llamada también Bèït Allah o casa de Dios, es una torre cuadrilátera, cuyos lados y ángulos son desiguales, de modo que forma su planta un verdadero trapecio. No obstante, la grandeza del edificio y la tela negra que lo cubren hacen desaparecer esta irregularidad y le dan apariencia de un cuadrado perfecto. Yo mismo padecí esta ilusión a primera vista; mas bien pronto me desengañe. Tenia yo el mayor interés en poder dar a conocer a conocer las proporciones de dicho templo; más ¿como medirlas sin chocar con las preocupaciones de las gentes de mi religión? Solo a fuerza de medidas parciales y aproximadas es como he obtenido algún resultado; el cual si no es de precisión matemática, tiene a lo menos una exactitud tan palpable, que puedo responder del error de un píe en mis cálculos.

El edificio no se haya orientado hacia ninguno de los ejes cardinales. Sin embargo se cree que el ángulo de la piedra negra está exactamente colocado hacia el E. Es una especie de cubo trapecio, construido o revestido de piedras sillares cuadradas, pero sin pulir, de roca de cuarzo, chorlo y mica, y sacadas de las montañas vecinas cuadradas. La puerta tiene dos hojas de bronce dorado y plateado, que se cierran con una enorme cadena de plata. El zócalo que rodea el pie de la Cava es de mármol. Alrededor de dicho zócalo hay crecido número de anillas gruesas de bronce, fijas en el mármol, a las cuales se ata la parte inferior de la gran tela negra que cubre el edificio.

La piedra negra, llamada Hhajera el Assauad o piedra celestial está guarnecida alrededor con una gran chapa de plata de un píe de ancho. Creemos que esta piedra milagrosa es un jacinto transparente traído del cielo a Abraham por el ángel Gabriel, como una prenda de la divinidad; y que habiendo sido tocado por una mujer impura, se volvió negra y opaca. Los besos y toques continuos de los fieles han gastado desigualmente la superficie de la piedra, de forma que ha adquirido un aspecto musculoso. Tiene sobre quince músculos y un gran hoyo.

La parte interior de la Kaaba no encierra sino una sala elevada sobre el plano exterior, como la puerta. Dos columnas situadas en medio de la sala, sostienen el techo, cuya forma por dentro me es imposible indicar, pues le oculta una magnifica tela tendida, que cubre igualmente las paredes y columnas desde arriba hasta cinco pies sobre el suelo. Dicha tela es de color rosa, sembrada de flores de plata tejidas, y forrada con otra tela blanca.

Ya se dijo que la casa de Dios se halla cubierta enteramente por defuera con una gran tela negra, llamada tob el Kaaba o camisa de la Kaaba, suspendida del techo, y sujeta por bajo con cordones que corresponden a los anillos de bronce colocados alrededor del zócalo. Cada año se lleva de El Cairo una nueva tela que se coloca el día de Pascua. También la magnifica cortina, toda bordada de oro y plata, y destinada a cubrir la A dos tercios de su altura tiene una faja de dos pies de ancho, bordadas de oro, con inscripciones repetidas a los cuatro lados: llámanla El Hazem o la cintura.

la Piedra Negra en la Kaaba

CAPITULO XII. 16 de mayo de 1807, camino de Suez.

La caravana, compuesta de cuarenta camellos, sesenta hombres y tres mujeres. Es de notar que jamás he viajado con musulmanes, ya sea por mar tierra, que no haya encontrado mujeres; verdad es que entonces la circunspección prescrita por la religión respecto a ellas, hace que se las mire como fantasmas animadas o como fardos puestos sobre un camello o en un rincón de la casa.

 

 

Quinta Parte PALESTINA Y SIRIA

 

CAPITULO II. 23 de julio de 1807, el Haram o templo musulmán sobre el antiguo templo de Salomón (la explanada de las mezquitas).

Creen los musulmanes ser el Sàhhara Allàh el lugar donde son más agradables a la divinidad las oraciones de los hombres, después de la casa de Dios en la Meca. Por esa razón han ido a orar allí todos los profetas, desde la creación del mundo hasta el profeta Muhhammed (Mahoma); y aun ahora los profetas y ángeles concuerden en tropas invisibles a hacer sus oraciones sobre las rocas, sin contar la guardia ordinaria de setenta mil ángeles que la rodean perpetuamente, y se relevan cada día.

La noche que el profeta Muhhammed fue arrebatado de la Meca por el ángel Gabriel, y transportado un momento por los aires a Jerusalén sobre el jumento el Boràk, que tiene la cabeza y pecho de mujer hermosa, corona y alas; el profeta dejando el Borak a la puerta del templo, entro a hacer su oración sobre el Sahhara como los demás profetas y ángeles, los cuales saludándole respetuosamente, le cedieron el sitio de honor.

 

CAPITULO III. 26,27 y 28 de julio de 1807, visita a otros lugares santos.

En estos párrafos recoge la insolente pero al fin y al cavo la convivencia entre religiones.

Di el parabién al griego por ser los religiosos de su culto depositarios de un tesoro tan precioso como el lugar sagrado del nacimiento de Jesucristo, con exclusión de los romanos y armenios. Respondióme: Ya veis que nosotros somos los más antiguos y los demás ... Acabo su pensamiento con un gesto de menosprecio. Así es como reina la discordia aun en el centro mismo de las sociedades, a quienes todas las consideraciones físicas y morales debieran unir más estrechamente.

Los musulmanes hacen oración en todos los santos lugares consagrados a la memoria de Jesucristo y a la Virgen, excepto el sepulcro, que no reconocen; pues creen que Cristo no murió, sino que subió vivo al cielo, dejando la imagen de su rostro a judas, condenado a morir en su lugar; y en consecuencia que habiendo sido crucificado Judas, aquel sepulcro muy bien podrá encerrar el cuerpo de éste, mas no el de Cristo. Por dicha razón no ejercen acto alguno de devoción en este monumento, y se burlan de los cristianos que acuden a venerarlo.

Generalmente hablando, los monjes de los diversos ritos se hallan desunidos; porque cada uno se mira como el solo ortodoxo, y tiene a los demás por cismáticos.

Cuéntanse en Jerusalén más de siete mil musulmanes, y dos mil de ellos en estado de tomar las armas, y más de veinte mil cristianos de diferentes ritos: maronitas, griegos reunidos, griegos cismáticos, católicos romanos y latinos, armenios, etc. Los judíos son en corto número. Toda esta multitud de individuos de diversos cultos se tratan de cismáticos e infieles; creyendo cada rito firmemente poseer sólo la verdadera luz del cielo, y tener derecho exclusivo al paraíso, envía caritativamente al infierno al resto de los hombres que no son de su opinión.

Aunque los habitantes de Jerusalén son un compuesto de diferentes naciones y cultos diversos, que en lo interior se desprecian mutuamente con referencia a las opiniones religiosas, sin embargo, como los cristianos son en mayor número, reina bastante igualdad en las relaciones sociales, negocios y diversiones. Los sectarios de Jesucristo van indistintamente mezclados con los discípulos de Mahoma, produciendo dicha amalgama en Jerusalén una libertad mucho más extensa que en algún otro país sujeto al islamismo. Frecuentemente he visto a musulmanes respetables no hacerse escrúpulo de mirar una mujer cara a cara, y aun pararse a hablar con ellas públicamente, cosa que sería motivo de escándalo en cualquiera otra ciudad mahometana.

 

CAPITULO V. 20 de agosto de 1807, camino de Damasco.

Aquella hermosa sábana de agua, rodeada de altas montañas; la atmósfera cargada de gruesas nubes amontonadas, dejando escapar apenas algún rayo de sol de trecho a trecho; la celebre ciudad de Tiberiades, en árabe Tabarie en la orilla occidental del mar, famosa por sus aguas termales en extremo calidas y sulfurosas; en fin, el monte Tabor, que domina las montañas circunvecinas, ofrecían a mis ojos una perspectiva interesante, animada por los numerosos rebaños que pacían por todas partes.

Constantinopla 1422. Cristoforo Buondelmonti, cartógrafo

Sexta Parte TURQUIA

 

CAPITULO II. 21 de octubre de 1807, descripción del Bósforo.

Tiene el canal corriente tan rápida como un río y cuya dirección es del mar Negro al mar de Mármara. Dicho fenómeno lo causa la multitud de ríos que desaguan en el mar Negro y la poca superficie que presenta la evaporación en latitud tan elevada; de suerte que si el mar Negro no tuviera desagüe por el Bósforo, debería necesariamente crecer y extenderse hasta que pudiera ofrecer superficie bastante para establecer el equilibrio entre la cantidad de agua suministrada por los ríos y la masa absorbida por la evaporación.. considerando por otra parte que el agua del mar Negro y del canal es tan salobre como la de los otros mares, no puedo menos de creer debe existir en el fondo del canal una corriente contraria que hace entrar en el mar negro el agua del mar de Mármara, pues de lo contrario sería imposible explicar como después de tantos siglos ha podido el mar negro  conservarse salobre, no obstante la enorme cantidad de agua dulce que recibe diariamente de los ríos y la masa de agua salada por el Bósforo.

Para finalizar esta reseña, aconsejo leer o quizás releer, como ha sido mi caso, la clarificadora introducción que aporta el escritor español Juan Goytisolo, de la trascribo los párrafos que más me han ayudado en la comprensión de la obra.

 

Los viajes de Ali Bey. Juan Goytisolo

 

Publicados en 1814, en francés, con el título de Voyagesd´Ali-Bey en Afrique et en Asie, pendant les années 1803, 1804, 1805, 1806, 1807, como fruto de un religioso, doctor, sabio, peregrino, jerife y príncipe abasí, eran en realidad composición del barcelonés Domingo Badía, administrador del monopolio real de Tabacos en Córdoba y arabista autodidacta, quien, habiéndose hecho circuncidar en Londres, pasó a Marruecos disfrazado de gran señor árabe y, después de un periplo por Trípoli, Chipre y Egipto, cumplió el peregrinaje musulmán a la Meca y recorrió a continuación Palestina, Siria y Turquía, para regresar finalmente a su patria y ponerse al servicio de José Bonaparte.

Otros escritores cristianos habían penetrado de un modo u otro antes que él, en los lugares santos del islamismo –Burton reproduce en un apéndice de su Personal Narrative of a Pilgrimage to Al-Madinah and Meccah textos del italiano Ludovico Bartema, quien visito estas ciudades en 1503 con el embozo de un renegado mameluco y, del inglés John Pitts, cautivo de los turcos de Argel, en donde apostató y pasó al servicio del bajá, en cuyo sequito cumplió el peregrinaje–.

Sobre su primera etapa del viaje en Marruecos, y su finalización con la tumultuosa salida de Alí, Goytisolo y con la base histórica de las Memorias de Manuel Godoy, nos aclara que el Abasí en sus diario no cuenta todo lo que trasciende de sus ocultas intenciones de ganarse la confianza de Mulay Soliman para que aceptase la protección militar de España contra sus enemigos con la intención de favorecer la influencia española en Marruecos y adueñarse de la parte del imperio que “más nos conviniese”, con la ayuda de Badía. Godoy procuro al barcelonés un generoso subsidio financiero que permitió a éste, mucho después del fracaso de tan descabellados planes, vivir lujosamente por espacio de años.

En sus viajes a Oriente Próximo, Badía, libre ya de las servidumbres políticas e intrigas palaciegas unidas al desempeño de su misión en Marruecos, se entrega del todo a sus observaciones científicas, antropológicas y sociales, ofreciendo al lector una serie de apuntes, bosquejos históricos y cuadros de las naciones que visita, ilustrándolos con dibujos propios de gran valor pedagógico tanto cuando reproducen por primera vez de manera fidedigna los monumentos islámicos de La Meca y otros y otros puntos de Arabia.

Su visión de la Palestina otomana presenta, por su parte, notable interés en cuanto contradice y desmiente una serie de mitos y fábulas propalados hasta la saciedad por los fundadores del Estado sionista.

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© Víctor Díaz López