Octubre de 2008 en INDONESIA

 

en la isla de JAVA_YAKARTA · JOGYAKARTA · SOLO · SURABAYA · TAWAGMANDU

en la isla de SULAWESI_MAKASAR · RANTEPAO · LIMBONG

en la isla de BALI_UBUD

 

con AMBAR VIAJES

ISLA DE JAVA

ciudad de Jogyakarta

JOGYAKARTA

 

Me han comentado que hoy es martes. Ni siquiera sé en que día del mes me encuentro, ya quedó atrás el viernes 3 de octubre cuando salimos de Frankfurt y las muchas y cansinas horas de vuelo sufridas hasta llegar a este remoto punto de Asía, a Yakarta en la isla de Java de Indonesia, en donde sólo hemos pernoctado. Las primeras impresiones con estas tierras tan lejanas han resultado impactantes, mucha gente por todas partes, una actividad frenética, todo me parece abigarrado y caótico, muchos los olores y colores que percibo por doquier, son tantas las visiones ajenas a mi cultura occidental que me encuentro desconcertado.

 

Por la mañana, muy temprano, hemos tomado un vuelo interior que nos ha trasladado a Jojgakarta, Goyga o Yoyga como también se la conoce por estos lugares a la segunda ciudad más poblada de Java y que será el punto base en el trek de subida al (volcán) Gunung Merapi. El viaje sigue siendo frenético, nuestro guía, el joven Marco es inquieto y se vuelca con nosotros admirablemente, posee una gran vitalidad, tanta que no nos da respiro alguno.

Candi Borobudur en Jogyakarta

Dentro de las visitas programadas y camino de Goyga visitamos el primer gran templo budista de Java el Candi Borobudur. Construido en una colina, a 265 metros sobre el nivel del mar. El guía local que acompaña a Marco nos comenta que su arquitectura sugiere una representación de loto, las posturas de Buda simbolizan el Sutra. No acabo de entenderlo, dice que en el templo, hogar de buda, el culto se lleva a cabo mediante una peregrinación, ascendiendo hacia las plataformas superiores, cada una representa un estado de iluminación; no es en nada parecido a nuestros santuarios católicos a los que accedemos a un interior. No hay evidencia escrita de quien lo construyó o de su propósito original, datado entre los siglos VIII y IX en el apogeo de la dinastía Sailendra del imperio de Sailendra, seguidores de Buda. Posiblemente la conversión al Islam en el siglo XV pudo producir su abandono durante mucho tiempo, cuenta que estuvo cubierto de ceniza volcánica y una espesa vegetación, que a la postre lo protegió. Durante la dominación holandesa en el siglo XIX, el gobernador S. Raffles lo rescató y desenterró de la jungla. En 1973 fue rehabilitado por la UNESCO volviendo al culto budista.

 

El monumento es la atracción turística más visitada del país, principalmente para los propios indonesios. Con forma de pirámide no contiene espacios interiores, está construido como una gran estupa funeraria cuyo cuadrado base tiene 118 metros de lado, consta de nueve plataformas, las seis inferiores cuadradas decoradas con elaborados frisos y las superiores circulares, que representan una hoja de loto, soportan pequeñas estupas en forma de campanas caladas en cuyo interior hay un buda Sakyammuni, una enorme corona el conjunto. Su apariencia es contundente, toda esta curiosa pirámide se talló en piedra volcánica negra.

 

Había muchísima gente por todos lados, nuestra extraña fisonomía atraía a los indonesios que deseaban y nos pedían retratarse con nosotros, les encanta, todos con sus móviles, se acercan y sonríen, gesticulan para que posemos juntos, cuando ven que uno se atreve y se acerca, al momento se arraciman en tropel, todos quieren aprovechar la ocasión. ¡Y sabéis porqué hay tanta gente!, nos lo ha explicado Marco, ayer finalizó el ramadán y la inmensa población de Java es musulmana, ellos celebran el fin de su gran fiesta saliendo todos, familias completas disfrutan de ese primer día y lo aprovechan para visitar sus monumentos. El inmenso colorido que ya desde la lejanía se aprecia en la pirámide de Borobudur es espectacular, apenas se percibe la tonalidad oscura de sus piedras, chavales encaramados a las campanas, niños correteando y familias completas, abuelos y nietos, tíos y primos, todos suben por las escalinatas hasta alcanzar la gran estupa.

sesión fotográfica en Borobudur

Después de la visita, circulábamos en nuestro bus por carreteras asombrosamente transitadas, nos acercamos al pequeño templo de Candi Pawon y no era casual el destino al que nos llevaba Marco, este templo se encuentra de camino al de Mendut, la próxima visita, a unos 1750 metros de distancia y a unos 1150 de Borobudur, los tres alineados, posición que es recogida en una leyenda local, que habla de la existencia de un camino amurallado que unía los extremos. Además de haber sido construidos en el mismo periodo, su arquitectura y decoración es similar. Marco ya nos deja sentir su apasionada visión de estos lugares de los que dice ya ha visitado en otras ocasiones. De Candi Pawon nos comenta sobre su nombre, que parece derivarse de ceniza “Awu”. Nuevamente, dentro del templo se encuentra una estatua de Buda, sus frisos exteriores representan árboles y criaturas mitológicas de pájaros con cabeza humana.

 

El pequeño monumento se encuentra al borde de la carretera, a cuyo reclamo se acercan y agrupan multitud de esos tenderetes que ofrecen artículos de marcado fin turístico. La visita fue rápida, volvimos al vehículo y retomamos el camino para acercarnos al tercero en liza, el Candi Mendut, mayor que el anterior. Construido en la otra orilla del río Progo, a 3 kilómetros hacia el Este de Borobudur, cerca de una escuela budista y rodeado de unos jardines muy cuidados, donde destacaba un Ficus religiosa o Árbol de Buda, la primera vez que veo un ejemplar de esta especie de gran importancia para el budismo y que se identifica muy fácilmente por la punta en que termina su hoja, de un verde claro brillante. En su interior encontramos tres grandes Budas en sus distintos estados: Sakyammuni, sentado con las piernas cruzadas, como Awalokiteswara, sosteniendo un loto en su mano y como Maitreya, salvador de los hombres. Historias para niños decoran sus paredes. Nos comenta el guía local que cada luna llena de mayo se celebra en él el día Waisak y que los peregrinos que acuden a la ceremonia religiosa proceden de Indonesia y todas las partes del mundo. Construido antes que el de Borobudur, tiene planta cuadrada, y su espacio interior principal esta cubierto con una falsa bóveda arquitrábica piramidal.

 

Al finalizar en los templos, el guía ha expuesto al grupo distintas alternativas para ocupar el tiempo libre, Marco propone asistir a uno de los muchos teatrillos de marionetas que podremos encontrar en el centro de la ciudad. Personalmente he decidido descansar, aún creo que acuso el jet lag, así que he aprovechado la pequeña piscina del hotel para darme un baño, el agua estaba caldosa, templada, por lo que he terminado dándome una ducha; he cenado en un pequeño restaurante cercano en el que he coincidido con algunos de mis compañeros, para finalizar pronto en la cama y dar una cabezada antes de partir para uno de los momentos clave del viaje, la subida al volcán Merapi.

subida al Gunung Merapi en Yogjakarta

Trek Gunung Merapi, desnivel 1.400 metros, altitud del cráter 2.920 metros. Hemos salido del hotel en Jojgakarta alrededor de las 11,00 de la noche, después de dos horas de trayecto en el microbús, casi el grupo al completo (todos menos dos, ocho más los dos guías, Marco y Murtella) llegamos a la pequeña población de Selo. Mientras esperamos a dos nuevos guías locales específicos más de aquel pequeño pueblo que nos acompañarán en la subida al volcán, mientras acuerdan los términos de la caminata tomamos café. En dos 4x4 nos han acercado al punto marcado como “inicio”, un poco más arriba.

 

Son las dos de la madrugada cuando comenzamos a caminar, unos primeros tramos suaves al inicio de la falda del volcán. Discurríamos por pequeñas sendas en la espesura de la selva, que a veces se hacen muy pesadas, ya que las torrenteras de agua de lluvia provocan que estos pasos estén llenos de surcos húmedos y a veces encharcados. Por momentos aumenta la pendiente, el esfuerzo provoca que se me empañen las gafas y que el sudor se mezcle con el frío y el ahogo. El haz de luz del frontal alumbra la espesa vegetación que nos rodea, miro al suelo pensando que así la subida será más suave. Afortunadamente no amenaza lluvia esta noche, pero la ausencia de luna y la espesa vegetación cubren con un manto oscuro la senda. Les pido a mis compañeros que me esperen, me quedo rezagado, descansamos de vez en cuando y nos reagrupamos, afortunadamente las horas van trascurriendo y con no poco esfuerzo sigo la marcha sin aparentemente demasiados problemas. La selva va desapareciendo lentamente, el piso es cada vez más pedregoso y empinado, el camino va difuminándose y desapareciendo, cuando la oscuridad de la noche empieza a disiparse. Al levantar la cabeza adivino la silueta majestuosa del Merapi. Calculo que nos quedará algo más de una hora para llegar, pero son los tramos más inclinados y duros, me voy quedando el último cuando veo que una compañera me da ánimos y me espera, agradeciéndole que me acompañase hasta la cima a la que hemos llegado sobre las seis y algo.

 

Hemos contemplado el amanecer en los últimos tramos, haciendo cumbre en el sulfuroso cráter al clarear el día. Las piedras calientes y el vapor de azufre, los tonos amarillentos, grises y blancos del interior del cráter me dan escalofríos, es como sentir que la vida sale del interior de la Tierra. La superficie del fondo palpita como un corazón, a nuestro alrededor el sol se asomaba lentamente tras los picos próximos, ya está afuera, un momento inolvidable.

 

Después de un rato disfrutando de aquel lugar, el grupo se retrató, se inmortalizó en la cima, e iniciamos el regreso. La continua bajada se hizo interminable, a veces costaba trabajo reducir el paso, debíamos tener mucho cuidado con el suelo pedregoso, lamentablemente tuvimos que parar y aminorar la marcha debido a la torcedura de un tobillo de una compañera. Curiosamente y pese a la hora de la caminata, no hemos estado solos, nos hemos cruzado con algunos pequeños grupos de indonesios, Marco nos comenta que para ellos también es muy importante subir al Merapi y en otras expediciones que ha realizado siempre se los ha encontrado, aunque lo más sorprendente de éstos, es que suben con chanclas, como sí fueran descalzos casi, además con una agilidad y rapidez absoluta. Continuábamos la bajada cuando tres de nosotros nos hemos adelantado, tanto que incluso hemos perdido la senda, después de dar unas cuantas de vueltas, pasando incluso varias veces por el mismo sitio, divisamos a los demás compañeros a lo lejos y, por fin nos hemos podido reagrupar. Sobre las once llegamos a un grupo de casitas donde nos han recogido nuestros vehículos para acercarnos a Selo. Una vez allí y mientras llegaba el micro, comentábamos satisfechos la experiencia y degustábamos unas cervezas con tortilla de plátanos, exquisita por cierto.

colegiales visitando Candi Pranbanan

Aunque la jornada de hoy ha sido de tránsito, de camino a la ciudad de Solo, aún así hemos tenido la oportunidad de visitar Prambanan, parque arqueológico bastante interesante que se encuentra en el valle situado en la ladera Sur del Gunung Merapi, a unos 40 kilómetros de Jojgakarta, a él pertenece el templo hinduista más grande de Indonesia y del sudeste asiático, conocido por el mismo nombre y declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1991, según datos que nos van aportando nuestros guías, fue construido a lo largo del siglo IX, con la dinastía Sanjaya del primer Reino de Mataram, dato que se refrenda según parece, al constar en una inscripción fechada en el año 856. No mucho tiempo después de su finalización fue abandonado debido a la dominación musulmana de Java y al predominio del Islam, quedaría igual que Borobudur, en ruinas y absorbido por la maleza de la jungla. También se conoce este santuario como Rara Candi Prambanan Jonggrang, ya que según cuenta una bella leyenda, la figura de Durga, esposa de Shiva, que se encuentra en la capilla central y principal del conjunto, corresponde a la bella princesa Loro Jonggrang, hija del Rey Boko, maldecida, fue convertida en estatua. El joven Bondowoso quería casarse con ella, pero Rara no lo amaba, para evitar el casamiento le pidió un regalo imposible, que construyera un millar de templos en una sola noche. La princesa ante el temor de que cumpliera su promesa, pide a sus doncellas que hagan un enorme fuego para que parezca que el amanecer llega antes y el joven no pueda cumplir su deseo. El pretendiente, al conocer lo sucedido e incapaz de controlar su ira, maldice a Jonggrang y la convierte en una estatua. 

vista general de Candi Pranbanan

Pero ciñámonos a la realidad. El templo se encuentra en una enorme explanada −ya divisamos desde la lejanía sus grandes pináculos−, el conjunto principal es cuadrado, de unos 110 metros de lado, rodeado por un pequeño murete. Consta de ocho santuarios, los tres principales dedicados a la trimurti hinduista, el de mayores dimensiones y principal se ubica en el centro y está dedicado a Shiva el Destructor, el de su izquierda se consagra a Vishnú el Conservador, a su derecha resta el de Brahma el Creador. Frente a estos se encuentran tres capillas más pequeñas en las que se veneran a sus vehículos, el toro Nandi, el ganso o cisne Jansa y el águila Garuda de Vishnú respectivamente. La estructura piramidal del templo central alcanza los 47 metros, alberga cuatro figuras relacionadas con Shiva, la mayor de todas y situada en el centro es de él mismo, las otras, Durga, Agastya y Ghanesa las vemos en las capillas situadas en sus laterales. Éste se eleva del suelo, en una plataforma a la que se accede por cuatro escalinatas situadas en los puntos cardinales, pudiendo recorrerse a su alrededor. Los templos de Brahma y Vishnú son más pequeños, tienen una sola entrada a una cámara presidida por la figura de la correspondiente deidad. Cabe destacar los frisos decorados con bajos relieves que representan escenas del Ramayana que bordean las partes más bajas, a modo de entablamentos.

 

El recinto principal se encuentra en el epicentro de otro de mayores dimensiones, en el que se llegan a contabilizar más de 240 templos de pequeñas dimensiones, conocidos como auxiliares. La mayoría se encuentran muy deteriorados e incluso están en ruinas, viéndose las piedras apiladas en sus ubicaciones iniciales. El fuerte terremoto que en 2006 sacudió el área de Banjul y sus alrededores, causó muchas muertes y daños a los edificios, especialmente el templo de Brahma, que actualmente está siendo restaurado, se están utilizando piedras nuevas (nunca una piedra es nueva), ya que muchas de las originales o fueron robadas o reutilizadas en otras reconstrucciones. La visita duró más o menos una hora, dejamos el parque caminando en dirección al templo de Sewu, a algo menos de un kilómetro del anterior, al cruzar el campus arqueológico nos detuvimos a medio trayecto a darle un vistazo a los restos de Candi (templo de) Plaosan. En las explanadas de césped reseco nos topamos con un grupo de ciervos y con unos chavales que con unos largos palos sacudían unos árboles, a la pregunta, Marco nos indicó que recolectaban hormigas, que después vendían en las tiendas de animales, siendo utilizadas para dar de comer a los pájaros.

campo arqueológico Pranbanan, cogiendo termitas

En Java, el templo de Sewu es el segundo budista en importancia después de Borobudur, sus orígenes se remontan al siglo VIII, al final del reinado de Rakai Panangkaran (746–784), rey del antiguo reino de Mataram, que fue renovado, ampliado y completado durante el reinado de Rakai Pikatan de la dinastía Sanjaya. Las entradas al complejo se sitúan según los cuatro puntos cardinales, la principal al Este, cada puerta es custodiada por un dos dwarapalas (figuras de semidioses porteros) de dos metros de altura. Originalmente fueron 257 templos construidos con una piedra, casi negra, de andesita, situados alrededor de una gran sala hipóstila o mandala de las que hoy quedan infinidad de restos y que los arqueólogos tratan afanosamente de catalogar. El recinto principal consta de 248 edificaciones con un diseño similar, organizados alrededor de cuatro filas o anillos concéntricos, los correspondientes a las filas exteriores, que son más pequeños, se encuentran más juntos. Los interiores, que son mayores se ordenan a intervalos determinados.

 

El recinto es bastante complejo, la multitud de restos hacen difícil su comprensión, máxime cuando muchas de sus estatuas y ornamentos se han perdido, además la estructura parece haber sido modificada en sucesivas ampliaciones posteriores. El templo principal, que alcanza una altura de 30 metros, tiene una planta poligonal, semejante a una cruz, en cada esquina se encuentra una escalera y una pequeña capilla separada a modo de estupa. El complejo, igual que muchas otras construcciones históricas resultó gravemente afectado por el terremoto de mayo de 2006 cuyo epicentro se localizó en Yogyakarta, la estructura de su templo principal fue la que sufrió los más graves daños, de hecho, actualmente lo vemos cuajado de una maraña de oxidados andamios metálicos colocados para su restauración.

Candi Latu en el poblado de Henah

Después de una mañana repleta de visitas en el campus de Pranbanan y estando próxima la hora de almorzar, cogimos el autobús camino de la ciudad de Solo. Después de comer en un pequeño local al borde de la carretera, reanudamos la marcha, aun nos quedaba tiempo para muchas más visitas. Antes de la caminata que nos esperaba por las faldas del volcán Lawu y con la que cerraríamos el día como punto de partida, visitaríamos el pequeño templo de Candi Sukuh, cerca del poblado de Denah, a unos 25 kilómetros de Solo. Estos restos, no dedicados al culto, son una verdadera preciosidad. Están muy próximos al borde de la carretera y cerca de un grupo de humildes casas de unos agricultores que aprovechan las suaves pendientes aún de las faldas de estas montañas para cultivar multitud de hortalizas, las que entremezclan con plantaciones de tapioca e incluso con minúsculas tablas de arroz, arriba aparece las matas de té que se difuminan con el bosque tropical.

 

Pese a su pequeño tamaño es conocido como uno de los templos hindúes más interesantes de todo el sudeste asiático, su estructura y las figuras que lo adornan se alejan de todo lo que hasta ahora hemos visto. Se conoce como el templo de la fertilidad, siendo obvio a la vista de la gran cantidad de imágenes de contenido erótico que en él se encuentran. Marco, muy interesado por todo este tipo de historias, nos comentaba que fue construido durante una guerra civil entre el Norte musulmán y el Sur hinduista, originada, como no, por la conversión al Islam que los musulmanes exigían a los javaneses. Nos relataba que está dedicado al dios Bima. Difícil me es entender porqué se asemeja la construcción principal más a una construcción andina que a una asiática. El recinto consta de tres terrazas, careciendo del espacio central público característicos en los templos hinduistas o budistas. Justo frente a la pirámide, encontramos tres grandes tortugas de cabezas truncadas colocadas al azar, parecen proceder de sendos sacrificios. Resultaba divertido observar por todas partes figuras con enormes miembros, y estos, en absoluto abstractos como los lingam hinduistas. Incluso en el tallado en el suelo de la puerta de entrada encontramos un enorme falo queriendo introducirse en una vulva o vagina. Terminamos la visita subiendo a la terraza que corona la pirámide truncada, por una estrecha escalinata cuyas paredes de piedra rojiza vuelven a estar decoradas con figuras masculinas, desnudas de cintura para abajo.

trek bajo el Gunun Lawu cerca de Tawngmandu

Vaya la paliza que nos está dando Marco en el día de hoy, desde que salimos por la mañana de Jojgakarta, no nos ha dado un respiro. Después Prambanan, dos horas para almorzar, más otras dos en el bus hasta el poblado de Henah y no más de media hora en la visita del Candi Sukuh. Serían las cuatro y cuarto cuando nos indica que comenzamos a andar, él dice que será un pequeño trek que realizamos en las faldas del volcán Lawu, una caminata no muy exigente en la que invertiremos algo más de dos horas y media, paseando, recorreremos tan sólo unos seis kilómetros, con un desnivel máximo de 200 metros, que lo apreciamos al final, al cruzar el Parque de las mil cascadas de Grojogan.

 

Aunque cuando salimos, en el primer tramo, camino del poblado de Tawangmandu aún brillaba el sol, cruzando los campos de cultivos en sus afueras, notamos como poco a poco empiezan a aparecer las primeras nubes hasta cubrirse el cielo, cambian los brillos de la vegetación por tonos grisáceos, y a medio camino nos sorprende súbitamente la primera tormenta monzónica, suave para la que más adelante soportaríamos al llegar al Parque. Ya cruzábamos el poblado turístico cuando empezó a llover nuevamente, ahora con bastante fuerza, afortunadamente el agua estaba templada y más parecía una ducha que una mojada, obviamente la falta de costumbre. En las primeras rampas del parque nos sorprendió la noche cerrada. Subíamos por una inmensa escalinata cuando arreciaba el aguacero y las escuetas linternas poco resolvían, la sorpresa más desagradable nos la dio nuestro guía, cuando sin saber si hablaba en broma o serio, nos comunicaba que en la subida nos podríamos topar con víboras negras, venenosas. Para colmo, al final del recorrido, cerca de las 18,30, en la oscuridad, húmeda, calurosa, cerrada y desapacible, nos encontramos con la cancela de entrada al Parque cerrada, nuestra salida, e íbamos calados hasta los huesos. Tuvimos que saltarla para acercarnos a las primeras casas de Tawangmangu, donde nos esperaba nuestro vehículo. En un pequeño local pudimos secarnos y relajarnos un poco, para después, en el coche cambiarnos y ponernos algo de ropa seca. El regreso al hospedaje, distinto para esa noche, nos resulto incluso corto, relatábamos la cantidad de cosas que habían sucedido desde que amaneció aquella mañana, nos hacíamos fotos empapados.

 

La marcha del día se prolongaría casi sin discontinuidad, unos cuantos de kilómetros más, camino del resort de cabañas, donde cenaríamos dormiríamos sólo unas pocas horas. A las cuatro de la madrugada ya estábamos en planta, de nuevo al microbús y listos para retomar la marcha e iniciar la expedición que nos llevaría a ver el amanecer frente al volcán Bromo.

caldera del Tenegger, JAVA. Volcanes Semeru, Bromo y Batok

Que barbaridad, que sueño, a las cuatro ya estábamos desayunando. En la entrada del hotel nos esperaban dos 4x4 listos para acercarnos, según el itinerario previsto, al mirador del pico Penanjakan, situado a unos 2800 metros, uno de los puntos más altos del borde de la caldera de Tenegger.

 

Apenas veíamos nada, aún continuaba la luna nueva por lo que apenas distinguíamos más allá de los quitamiedos, serpenteábamos por una carretera bastante estrecha entre las colinas para acercarnos a un punto estratégico de esta caldera que dibuja un paisaje geológico de libro. Tiene unos 16 kilómetros de diámetro y en su interior encontramos, no solo el afamado gunung Bromo de 2.392 metros de altitud; el pico más alto es el gunung Semeru de 3.676 metros, que parece abrazar al anterior; el último, el más pequeño es el Batok, un cono situado al Norte, de una geometría espacial casi perfecta, donde sus paredes presentan unas homogéneas estrías causadas por la erosión, tiene 2440 metros. Los tres volcanes son considerados los más activos de Java, habiendo erupcionado en multitud de ocasiones, y, aunque ahora solo se aprecian sus numerosas fumarolas, causa cierta intranquilidad pasear por la corona del cráter del Bromo, cubriéndonos las fosas nasales para no aspirar los gases tóxicos que resbalan por las paredes exteriores buscando el cielo. La primera parada la realizamos en el recinto de observación situado en el mirador del Pico de Penanjakan. Su marcado carácter turístico es evidente, muchos tenderetes vendían recuerdos del volcán, más otros de toda la zona de Prambanan, por supuesto que coincidimos con mucha gente que se había acercado a lo mismo, turismo puro y duro, la mayoría local y de otros puntos de la isla. Subimos por unas escaleras hasta llegar al punto más alto, una cornisa desde donde se vislumbraban ya las fumarolas de los tres volcanes. Allí, todos apretados, incluso empujándonos en busca del mejor lugar donde apostarnos, contemplábamos como poco a poco iba aclarando el día, Marco nos dijo que era toda una suerte lo limpio del amanecer, no había ni brumas ni nubes, no nos cansábamos de hacer fotos para inmortalizar aquellos momentos, el paisaje oscuro iba aclarándose lentamente dejando percibir una paleta de tonalidades digna de los mejores Turner. Se divisa ya claramente la caldera en toda su amplitud, el pequeño templo budista que se encuentra en la falda del Bromo parece una figurilla de “nacimiento”.

vista parcial de la caldera de Tenegger desde el cráter del Bromo

Calculo que serían las seis, cuando la mañana había dejado atrás semejante espectáculo, nuestro guía nos comunicó que ya debíamos reiniciar la marcha. Retomamos nuevamente los vehículos y en 30 minutos estábamos en Cemoro Lawang. En la carretera, ya de día, pudimos contemplar la inmensa cantidad de macacos que tomaban el sol subidos en los muretes de hormigón que protegen de caídas por las fuertes pendientes de las laderas de la caldera. Nos bajamos en el borde más lejano del Bromo, en una pequeña llanura entre pedregosa, arenosa y árida, que teníamos que cruzar para iniciar la subida.

 

Pero todo está organizado, nada queda al azar. Allí nos esperaban los lugareños, nos ofrecían unos caballos −alquiler a buen precio−, eran pequeños de crin tiesa y de colores tordos, claros y oscuros, y bayos. Mis compañeros, que no, o apenas habían montado en estos animales, los solicitaban mansos, incluso los acompañaba el dueño en otro, yo pedí que me dieran uno que fuese bravo, estoy acostumbrado a montarlos y me apetecía cruzar al galope la llanura de fina lava, aún así, llegué a la falda algo más tarde el resto. En el punto más bajo y exterior del cono arranca una enorme escalinata, sus 253 escalones (contados uno a uno en el descenso) hacen asequible y accesible el espectáculo a todos los públicos. El paseo por la corona fue precioso, no me cansaré nunca de recordarlo, después de un buen rato regresamos a donde nos esperaban los vehículos, esta vez andando, nos acercaron al resort, donde recogimos los equipajes y volvimos de nuevo al autobús que nos debía de acercar a Solo, donde la única visita prevista era al Mercado.

cerca del mercado de Pasar Klewer en Solo

Solo es como comúnmente se conoce a Surakarta, pequeña ciudad rodeada por el río Bengawqn Solo, el más largo de Java, se encuentra a unos 65 kilómetros al noreste de Yogyakarta, con la que rivaliza desde su fundación hayá por el siglo XVIII, quizás por una una maniobra deliberada de sus invasores, los holandeses, para distraer la atención del pueblo ante su dominio colonial. Su reconocimiento se remonta a 1745 cuando Pakubuwono II, con el respaldo de China expulsa a los neerlandeses, hasta entonces era una pequeña aldea cerca de Kartasura, capital actual del reino Mataram. Diversas vicisitudes y divisiones interiores a través de los años, volvieron a favorecer la vuelta de los europeos. A partir de entonces, las casas reales de Solo evitaron la lucha y en su lugar volcó sus energías hacia las artes y en el desarrollo de una cultura altamente sofisticada y elegante para su corte. Antes de la independencia, el gobernante más importante en el siglo XX, fue Pakubuwono X, cuya popularidad se debía en parte a su buena relación con los holandeses y su numerosa familia. En diciembre de 1948 el ejército indonesio liderado por Suharto comenzó una guerra de guerrillas en las áreas circundantes, logrando vencer a las tropas extranjeras y ocupar Jogja durante varias horas. En Solo la toma por los javaneses se realizó un año más tarde, en una incursión similar, mandada por el teniente coronel Slamet Riyadi. Ya en 1950 Surakarta tenía una población de 165.484, fue un centro de comercio de productos agrícolas tales como arroz, caucho, maíz, añil, la yuca y el azúcar. También había visto el desarrollo de algunas industrias, bronce, textiles y maquinaria, o confeccionando los famosos batik, actividad bastante común. Sus principales atractivos turísticos son el palacio Keraton de Susuhunan Pakubuwono, el mercado de Klewer Pasar, famoso por sus batiks, que se pueden adquirir de variados precios y calidades, y el mercado de Triwindhu Pasar, especializado en antigüedades, lo encontramos cerca del palacio Mangkunegaran. Cerca del parque se encuentra el museo Radyapustaka, uno de los más antiguo de Indonesia, el cual posee una importante colección de objetos de la cultura javanesa.

mercancías del mercado Pasar Gede Solo

Serían las doce de la mañana cuando el autobús nos dejó un tanto alejados del centro. Lo primero que hicimos fue entrar en una tienda que vendían el café, atendiendo a la petición del canario, al parecer reconocido cafetero. En un pequeño local se exponían en unas sacas llenas hasta arriba de grano tostado que lo perfumaba e inundaba todo. Según Marco, allí tenían los mejores granos de la isla, de las variedades más exquisitas, la robusta y la arábiga, incluso si lo solicitabas, te lo molían. Casi todos compramos un poco, generalmente de las dos variedades, también expendían té y especias de todo tipo.

 

A la salida el guía gestionó la contratación de unos cuantos ciclo-rickshaw, impulsados por sonrientes conductores que no paraban de giran denodadamente los pedales, durante nuestro recorrido pasamos junto a la estatua victoriosa de Riyadh, y algunas casa-palacio que no llegué a identificar, hasta que nos dejó frente a la fachada principal del Mercado Klewer Pasar.

 

Era enorme, en los exteriores y volcados hacia la calle se apiñaban los tenderetes de fruta y hortalizas, ya dentro, en una zona de dos plantas había multitud de tiendecillas que vendían de todo, desde menaje del hogar hasta ropas, incluso algunos exponían estas mercancías mezcladas con comestibles, pescados en salazón y pollos. Pudimos por fin ver las famosas telas de Java, los batik, paños de tela coloreados mediante una técnica de teñido muy particular y conocida como “coloreado por reserva”. Marco nos cuenta que este género también es propio de otros países de Asia, como en India, Tailandia, Sri Lanka, Malasia e Irán, aunque es en Indonesia y principalmente aquí en la isla de Java donde alcanza su mayor esplendor y, desde el año 2009 es considerado por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su confección es muy curiosa, comienza con el trazado de un dibujo en una tela, para posteriormente aplicar capas de cera sobre las zonas que no se quieran teñir en un determinado color, quedando esta fijada en los sectores del paño deseados. El proceso se repite tantas veces como se quiere, pudiendo sobreponerse distintos teñidos, lo que favorece una enorme cantidad de diseños. La cera tiende a resquebrajarse una vez endurecida, lo que favorece el dibujo craquelado de una fina malla característica del batik con respecto a otras técnicas. Casi todos compramos algunos de estos paños, que se venden por metro, y la verdad es que son de unos colores y dibujos muy bonitos, además de un tacto muy agradable.

 

Salimos de esta parte del mercado y accedimos a otra dedicada exclusivamente a comestibles, de todas clases, curiosos los barreños llenos de cabezas y patas de pollo, en otros, todo tipo de frutas, el guía conocedor del recinto nos acercó a una de esas tiendas que ofrecen remedios medicinales basados en productos naturales, extrañas raíces se amontonaban en cajas de madera y barreños de plástico, las que mirábamos con algo más que desconfianza, él, atrevido donde los haya, adquirió unas pequeñas bolitas que dice, eran magníficas para infinidad de dolencias. Después de un buen rato deambulando de un lado para otro y curioseando las distintas mercancías, dimos por finalizada la visita, la corta visita a Solo.

venta de gasolina, de Solo a Surabaya

El autobús nos esperaba en una calle cercana, todos nos acomodamos en espera de una larga ruta, la que nos acercará a Surabaya, desde donde volaremos a Macasar, capital de Sulawesi, antigua Islas Célebes. Durante el trayecto, que duró algo más de seis horas, nos entreteníamos cruzando y observando pequeñas y grandes poblaciones. La carretera no tenia mal firme, pero sus dos únicos carriles unidos al tráfico, por lo general intenso, causaba un ridículo rendimiento kilómetros hora. Curiosas sus márgenes, colonizadas por multitud de chiringuitos, grandes y pequeños, en los que se vende de todo, desde fruta: sandias, cocos, mangos u otras variedades, para mí desconocidas a, objetos de ferretería, mecánica, muebles, etc. Realizamos varias paradas, la primera para almorzar en un pequeño local de carretera donde dimos cuenta de esas sopas tan exquisitas cuya base principal son los fideos de arroz. Otras paradas más cortas simplemente la hacíamos para estirar las piernas y realizar necesidades fisiológicas, en una de estas (posiblemente pactada) llegamos a un local donde vendían todo tipo de tallas de madera de teca, grandes y pequeñas, objetos de decoración y mobiliario, nuevamente Marco nos indicó que algunos turistas occidentales compraban grandes lotes que transportaban en contenedores al viejo continente. Al calor de este negocio, se encontraban pequeños tenderetes mucho más humildes, unos vendían cocos, otros, sandías y quizás el más curioso de todos, uno que tenía pequeños botes y botellas, bajo la denominación de “bensin” expendían gasolina a un buen número de ciclomotores que circulan por estas estrechas carreteras.

 

En el camino pasamos a unos 15 kilómetros de la gran torta de fango mezclado con petróleo, aquella que producto del infortunio pareció fortuitamente en una prospección que buscaba una bolsa de gas. El flujo de la enorme masa viscosa es incontrolable, siendo innumerable los metros cúbicos de hormigón que se han vertido buscado su fijación, que parece incontrolable, incluso ha habido que desviar carreteras y según recoge la revista National Geographic se tardará más de treinta años en controlar la situación. Ya al atardecer cruzábamos Surabaya buscando el Aeropuerto Internacional Juanda. Como de costumbre, embarque, espera y dos horas de vuelo hasta Macasar. 

ISLA DE SULAWESI

La isla de Sulawesi, en el idioma indonesio, el bahasa, procede de sula, isla y besi, mineral de hierro, el que probablemente se extraía del lago Matano, en su península sudeste. No obstante, fue conocida por los colonizadores europeos como las Islas Célebes. Es una de las más grandes del archipiélago de Sonda, al oeste de Malasia, entre las Molucas y Borneo. Con sus 174.600 kilómetros cuadrados, es una de las más grandes del mundo y a vista de pájaro, tiene una forma muy atractiva, como una estrella de mar retorciéndose, en la que sobresalen sus cuatro penínsulas como sus tentáculos. Su región central es montañosa, lo que dificulta la comunicación terrestre entre sus brazos, siendo el mar el único vehículo entre estos. De las seis provincias en las que se divide, nos hemos movido por el área meridional, la península Sur, la región más poblada, en cuya capital Makassar, en su costa sur occidental, hemos aterrizado.

 

Pero recordemos algo de su historia. Sus asentamientos nativos, con una cultura milenaria se remontan a los albores de la humanidad, con una economía basada en la agricultura y la caza. En el siglo XIII, destaca su exportación de hierro, incluso se menciona el oro. La colonización europea arranca con los portugueses, que llegan en 1512, pasando a dominio holandés en el siglo XVII, hasta la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Por último, indicar que se incorpora a la República Independiente de Indonesia durante la revolución, de 1945 a 1950. Significativa es la siempre pacífica convivencia de cristianos, musulmanes y animistas, aunque los conflictos entre étnias hayan sido constantes e incluso sangrientos, los últimos, en 2006. Según el último censo fiable, aunque muy anticuado (wikipedia), en el año 2000 su población alcanza los 15 millones de habitantes, el 7,25% del total de Indonesia.

atardecer en Makkassar

Aterrizamos en Makassar a eso de las cinco, en un pequeño bus, que según nos comenta el guía, será el que nos acompañará los días que permanezcamos en la isla. Desde la terminal del Hasanuddin Airport al hotel en donde pernoctaríamos la primera y última noche cruzamos el núcleo urbano, hasta la costa. De esta ciudad, que visitamos mínimamente, poco que contar, decir que es la mayor y capital de la provincia Célebes Meridional, al Sur de Sulawesi, en el estrecho de Macasar que lo separa de la gran isla de Borneo. Poco conocimos, lo que raspaban nuestros ojos a través de las ventanillas del vehículo.

 

Con casi un millón y medio de habitantes es la ciudad más poblada de Sulawesi. Aún quedan vestigios de dominación portuguesa, los primeros europeos que pisaron la isla en los siglos XVI y XVII, cuando ya esta ciudad era el principal centro comercial del Este de Indonesia y una de las más grandes del Sudeste Asiático. Los holandeses se la arrebataron a los lusos que quisieron establecer un monopolio sobre la ciudad rechazado por los reyes locales. Cuando se convirtió mayoritariamente al Islam, los cristianos pudieron seguir ejerciendo sus negocios en la ciudad. Por su situación estratégica y la excelente convivencia entre culturas y credos fue un lugar atractivo y clave para el comercio de especias de los malayos y base portuaria para comerciantes europeos y árabes que procedían de mucho más lejos. En 1848 era puerto libre y desde 1946 a 1950 fue capital de la Indonesia Oriental bajo el dominio holandés.

 

El hotel en esta ocasión que nos ha tocado en esta ocasión es de cuatro estrellas, el Pantai Gapura, es esplendido, situado en el borde más cercano al mar, en el paseo marítimo de Pantai Losari, prolongación de la que nos dice Marco es la afamada “calle del Mercado del Pescado” o “jalan Pasar Ikan”. A sabiendas del bochornoso calor, nos recibieron con unos magníficos zumos de frutas tropicales, nada más nos acomodaron en las distintas habitaciones, cambiábamos a gran velocidad las empapadas camisas por los bañadores para darnos un chapuzón en la piscina; el agua tan caldosa como la del primer día y donde la actitud de unos japos agotaba, no se cansaban, no paraban de hacer un largo tras otro. A la postre, la decisión aparente tan apetitosa duro poco, el agua templada como la sopa nos llevó de nuevo a las habitaciones en busca de la ducha y el fresco de los aparatos de climatización. Después de un prolongado remojón en la bañera, decidí recorrer el recinto, husmear tan lujosas instalaciones. Este singular hotel se compone de un edificio principal, en el que se encuentran nuestras habitaciones, también hay unos bungalows, que a modo de palafitos unidos por unas pasarelas, colonizan el trozo de marque baña sus faldas. Al final del recorrido en unos veladores sobre una pequeña plataforma frente a un coqueto chiringuito de madera detecté algunos compañeros, a ellos me uní. Charlábamos de cuestiones intrascendentes, como casi siempre, tomando unos zumos de frutas tropicales que nos prepara un joven camarero y que mezclaba según nuestro propio capricho. La proximidad del anochecer y la fantástica vista al Este, por donde cae el sol en estos parajes, nos retuvo en nuestros asientos hasta que perdimos la bola ígnea en el horizonte del estrecho, al fondo la pequeña isla Laelae y algunos barcos de un sitio para otro.

 

Después de tan relajante tarde tocaba cenar, ya en el trayecto desde el aeropuerto Marco no nos propuso cenar a todo el grupo, juntos, en un local que en otras ocasiones había visitado, nos prometía disfrutar del marisco de sus fantásticas playas, bastante bueno en calidad y precio, en la marisquería Bahari, de la cadena de procesado y exportación de mariscos y pescados de Makmur Hasil Bahari, famosa por incluir en su carta unas excelentes gambas, langosta, camarón de agua dulce, calamares, cangrejos y su carne, pargo, perca gigante y filetes de peces de arrecifes, conchas, huevos de erizo de mar, etc. Aunque el local no estaba muy lejos, después de pasear por Pantai Losari nos acercarnos en unos rickshaws que nos dejaron en la misma puerta. Después de una copiosa cena, en la que degustamos unas enormes gambas fritas y un surtido de extraños pescados, regadas con no poca cerveza, regresamos al hotel, nos pedía que descansásemos, «ya que el día de mañana será de transito al interior de la isla y nos avisaba que las carreteras dejaban mucho que desear».

los tongkonan de Tanu Toraja

Después de un copioso desayuno en el extraño comedor del Pantai Gapura, un barco varado y anclado a la fachada Este del edificio principal, cargamos los bártulos en el micro privado, he iniciamos la marcha hacia el centro de la isla, a la zona montañosa, donde viven las comunidades toraja. Tras unas siete u ocho horas de trayecto en la que obligatoriamente pedimos algunas paradas para descansar, miccionar y comer algo, llegamos a Rantepao, quizás la ciudad mayor y más importante del país de los toraja, Tana Toraja. El pequeño hotel, no muy cómodo en el que quedamos alojados será nuestro centro de operaciones para las distintas excursiones y trekkings que realizaremos los cuatro días de estancia en Sulawesi. Uno de los principales atractivos será la búsqueda de alguna pequeña población o aldea en la que se celebre la más famosa de sus ceremonias, un funeral, o por lo menos, una boda o la bendición de una nueva casa; en ellas, los toraja organizan fiestas con sacrificios de animales como búfalos. Dependerá de la suerte que tenga nuestro guía local que se recorrerá la zona en busca de alguna celebración a la que poder asistir.

poblado Tanu Toraja Ke´te´Kesu

Aún la tarde permitía que antes de llegar a Rantepao realizáramos alguna visita. El primer contacto con esta cultura novedosa y fascinante cultura para nosotros los occidentales fue en el poblado de Ke´Te´Kesu. En el microbús Marco y nuestro guía local Jaka, a sabiendas de que lo más probable es que no tuviésemos ni idea, nos dieron unas nociones básicas sobre este pueblo. Toraja es un nombre de origen Bugi que se utiliza para designar al conjunto de los diferentes pueblos que viven en las regiones montañosas de la parte Norte del Sur de la península y que han permanecido aislados, hasta el comienzo del milenio pasado. Entre sus rasgos destaca el animismo, religión primitiva que basa su creencia en la existencia de alma en los objetos, seres y animales cotidianos, que pueden ser venerados o temidos como dioses. Una de sus peculiares características es la realización de sacrificios de animales en ostentosos ritos funerarios y grandes fiestas comunales, tradiciones que aún hoy día conviven con las religiones mayoritarias venidas de fuera, cristianos y musulmanes. Otra de sus peculiaridades es la arquitectura de sus casas, el hogar ancestral, que posee una fuerte connotación en sus vidas. Y fue allí, en Kesu donde tuvimos la primera visión de los tongkonan, las llamadas casa barco, literalmente la palabra toraja significa el lugar donde se sientan y se conocen los miembros de la familia y discuten sus asuntos importantes, símbolo de la identidad y tradición de la familia, representación de todos sus descendientes y del ancestro fundador, centro de la vida ritual, el nexo más importante dentro de la red del parentesco.

notas sobre un tongkonan

En una pradera en las afueras del poblado se encuentran unas seis o siete de estas construcciones, en un lateral una pradera cercana a una laguna pasta un búfalo, al fondo una pared rocosa. Todos nos reunimos en torno a Marco, nuestro guía y escuchamos atentamente sus explicaciones y, aunque nos da todo tipo de detalles, en una primera aproximación es natural que todos los datos se nos agolpen y no lleguemos a asimilarlos con claridad.

 

Con el paso de los días, llego a aventurar e incluso a afirmar, que la denominación de barco no me parece demasiado correcta; es cierto que la apariencia de sus cubiertas de caña pudiese asemejarse a un barco, pero el mar está excesivamente lejos y este pueblo no tiene tradición pesquera; los toraja se dedican al cultivo del arroz, a la recogida de los frutos de la selva tropical, cacao, coco, maderas y a la cría de animales domésticos como el cerdo y el búfalo de agua, a los que les tienen especial cariño. Al parecer, la aparición de estas singulares construcciones se data en los siglos XVI o XVII. Dibujan un paisaje con un sabor especial; llegando a ser piezas esenciales en las ofrendas que se realizan en los entierros ceremoniales. Se desarrollan en dos tipos: la casa familiar y los silos o graneros para el arroz. La vivienda es mucho más compleja, siempre se orienta de Norte a Sur, con el acceso al Norte. Se elevan ligeramente del suelo con una estructura de pilotes de madera, este primer espacio abierto, sobre una tarima de tablas de madera apoyada en pequeñas vigas y sobre elevada unos 50cms del suelo es donde se realiza la vida diaria, compartida con los animales, gallinas, cabras y perros, se le conoce con el nombre de “sulluk”. Arriba, en un espacio rectangular cerrado y sin ventanas, se desarrolla la vida a cubierto y nocturna; se accede por el centro por una escalera de madera, este espacio, donde se realiza la vida de toda la familia se le conoce por “sali”. Al frente, digamos como dando a la fachada principal, se sitúa el dormitorio principal, de los padres, el “tangdo”. Se duerme en el suelo, sobre esterillas; frente a éste y en el otro extremo, se encuentra el dormitorio de los niños y otros familiares, el “sumbung”, habitación que en algunos casos comparten con el difunto mientras preparan su ceremonia. En el frontal principal encontramos una columna que llega hasta la parte más alta de la techumbre, utilizada para colocar todas las cornamentas de los búfalos que han vivido ligado a la familia, en algunos casos he llegado a contar más de treinta, circunstancia que me da que pensar, no es el casco de un barco, sino los cuernos de sus venerados búfalos de agua.

techumbre original de los tongkonan

La techumbre del tongkonan se resuelve siempre a dos aguas. La terminación exterior la constituyen tallos de bambú, unidos entre sí y montados transversalmente en distintas capas, montadas sobre una estructura de madera en forma de lengüeta, sin clavos, aunque hoy día, ya han aparecido los techos de chapa en sustitución de los tradicionales. Estas construcciones son elaboradas por artesanos, expertos carpinteros, mediante un proceso lento y complejo. En primer lugar, la madera se recoge ya seca; se levanta la estructura base sobre los pilotes verticales, se practican muescas en su cara superior para acomodar las vigas longitudinales y transversales de la cubierta, atándola originalmente con elementos vegetales, en otras ranuras se encajan los paneles decorados por el tallista.

 

La decoración evidencia la posición social de un pueblo extremadamente jerárquico. Las fachadas y paneles de madera de las paredes se decoran con motivos geométricos, cabezas de búfalos y gallos pintados en rojo, blanco, amarillo y negro. Los colores tienen un importante significado: el negro, la muerte y la oscuridad; el amarillo, la bendición de dios y el poder; el blanco, el color de carne y hueso, significa pureza y el rojo, el color de la sangre, la vida. Los motivos también están cargados de un importante significado dependiendo de las familias propietarias; la riqueza y el poder quedan representados con el círculo, el sol. La daga es la riqueza y las cabezas de los búfalos procedentes de los sacrificios rituales y que se cuelgan del mástil de entrada, representan la prosperidad y la bonanza de los campos de arroz. Muchos de los diseños están relacionados con el agua, símbolo de la vida y la fertilidad; los renacuajos y las malas hierbas acuáticas significan, muchos niños. Cuando se ha celebrado un funeral, en el frontal de las casas más importantes aparece la cabeza de un búfalo tallado en madera con cuernos reales. No obstante, al igual que en tantos lugares, en la actual Indonesia, la casa tradicional, con sus estrechos y oscuros interiores a veces llenos de humo, ha perdido su atractivo para muchos toraja, siendo utilizado únicamente en los rituales de gran prestigio, optándose por modelos más occidentales para la vida cotidiana, distribuciones mayores en donde se da cabida al mobiliario.

valorado búfalo blanco, cerca del poblado Karu´Aya

Los graneros son más pequeños, tienen un cierto aire a los hórreos gallegos. El recinto cerrado para el grano es único, se caracterizan por singular situación, siempre frente a las casa pero en orientación opuesta, mirando hacia ellas. Se decoran siguiendo sus mismos trazados y dibujos, llegando a representar el estatus de la familia. En la plataforma sobreelevada donde se manipula el grano, además también sirve para las reuniones de los aldeanos, en los funerales acoge a familiares e invitados, disponiéndose unas telas alrededor de las columnas también llamadas “banga”. Pero quizás, la diferencia más significativa con los tongkonan, consiste en el uso de pilares circulares, recordemos que en las casas son cuadrados, generalmente seis o más; se utilizan troncos de banga, palmera muy abundante en estas selvas tropicales; estas columnas presentan una superficie muy lisa y satinada que impide que los roedores trepen hasta el grano. Los paramentos ciegos de los espacios cerrados del silo se vuelven a caracterizar por su decoración en las caras exteriores, dibujos geométricos, cenefas y recuadros, combinados con representaciones de gallos y búfalos tallados en la madera y coloreados en tonos rojos, negros y blancos.

cementerio de Pekubyran Batu cerca de Ke´te´Kesu

Después de tan magnifica alocución, aún tuvimos algún tiempo para recorrer este pequeño asentamiento, incluso disfruté un rato de todo lo que me rodeaba sentado en la tarima de un granero. Ya caía la tarde cuando Marco propuso acercarnos al cementerio de Pekuburan Batu, distante tan solo unos 200 metros del poblado, ya llegamos con la oscuridad de la noche y lo poco que pudimos ver fue con un frontal que traía una de nuestras compañeras. Aquí pudimos contemplar los primeros “tau-tau”, unas figuras de madera, articuladas, coloreadas, vestidas con ropas rituales y abalorios que representan el alma de los difuntos. Según las creencias de los toraja, éstos encarnan el alma de sus antepasados y mantienen vivo su testimonio; la propia expresión tau-tau significa “persona". El guía, ante lo poco que veíamos nos animaba, “ya veremos más y mejores en Sangalla”.

 

Tan solo nos quedaban unos cuatro kilómetros hasta el hotel, kilómetros que en estas precarias y estrechas carreteras parecieron multiplicarse. Nada más llegar y acomodarnos en nuestras respectivas habitaciones, Marco nos emplazó de nuevo para que todos juntos nos acercáramos a comer a un pequeño restaurante a la espalda del hotel. La verdad es que el grupo de quince unidades era fácil de convencer, excepto dos parejas una de canarios y otra de catalanes, el resto siempre optaba por acatar las sugerencias de nuestro joven guía. En el restaurante probé la exquisita carne de búfalo de agua, y poco más. El día al final había resultado más intenso de lo esperado, para estar programado solo el tránsito entre Makasar y Rantepao.

Mercado de Rantepao

Hoy es 12 de octubre, domingo y día de la Hispanidad para más señas, nuestra segunda jornada en Rantepao. Me he levantado algo antes de lo previsto para dar una vuelta antes de partir. Delante del hotel hay una iglesia católica y al asomarme a su interior he comprobado que esta llena, celebran la misa, todos van muy arreglados y decorosamente peinados, jóvenes y mayores cantan fervorosamente con sus biblias en la mano, parecen vivir el oficio religioso con entusiasmo y convencimiento; me ha llegado a sobrecoger, hacía mucho tiempo que no veía algo parecido.

 

Llega la hora de partir, pero antes de que nos metamos en carretera, Marco y Jaka deciden darnos un paseo por el pueblo. Llegamos a cruzar su enorme mercado, instalados sobre unas rudimentarias naves quedan ordenados en una cuadrícula con calles terrizas incontables puestecillos, como en el de Solo, se vendía de todo. En las afueras del pueblo dejamos el micro, allí nos esperan dos pequeñas furgonetas, los guías nos cuentan son vehículos más apropiados para el lugar destino del día, el Pico de Pandora. Nos avisan que aún no tienen cerrado la asistencia al ritual funerario alguno, por lo que cada vez que encuentren al paso alguna aldea se detendrán a preguntar. La suerte nos acompaña, a los pocos kilómetros de camino unos toraja le indican a Jaka la dirección de una aldea donde dicen se celebrará una ceremonia; nos desviamos de la ruta prevista hasta llegar al pequeño poblado de Ususalu; inicialmente entran los guías, al poco Marco reclama nuestra presencia, ya están de fiesta, por doquier ahí cerdos atados a parihuelas regalos de familiares y allegados, nos presentan a la familia, allí conocemos a la joven Yeyen, nieta de uno de los difuntos y que hace de interprete al dominar el inglés, son encantadores y nos reciben con todo el honor del mundo, nos agasajan y acomodan en unas de esas construcciones provisionales, nos ofrecen café, té, pastas y licor de palma en unos singulares tubos de bambú, también unos trozos de carne con arroz, de uno de los cerdos que han matado recientemente, y que poco más allá, en el interior de la jungla, otros jóvenes se encargan en descuartizar y asar en unas fogatas, el espectáculo está servido. No obstante, el día fuerte será mañana, que se realizará la ceremonia del enterramiento, y para entonces hemos quedado emplazados. Yeyen nos acompaña hasta la salida, quedando con el también joven Marco, del que ha quedado prendada. Nos solicitan vengamos vestidos de negro para la ocasión, a la que traeremos nuestro propio cerdo, usual presente en estos casos.

 

Reiniciamos la ruta prevista y después de unos kilómetros más por estas estrechas y sinuosas carreteras, llegamos a las inmediaciones del Pico de Pandora, cerca de la aldea de Potok. Los toraja lo consideran una montaña sagrada, creen que procede de la transformación del cuerpo de Puang Pindakati, esposa de Sawerigading Luang, que gobernaba por estos parajes; cada tres años en Merok se llevan a cabo fiestas en honor a Pindakati, considerada la diosa de la protección y a la que se le realizan ofrendas y a la que se pide ayuda para todo tipo de problemas de la vida cotidiana. También existe otra leyenda, la de Tamboro Langi, ser celestial que bajó del cielo en su nave espacial y que aterrizó en el monte Kandora, de este personaje existe una extensa mitología en torno a sus descendientes.

Pico de Kandora en Tana Toraja

Son más de las doce cuando nos dejan los vehículos al borde de la carretera y nos ponemos en marcha hacia el interior de los cultivos, al final del mismo vemos como aparece el pico, como un mogote cárstico. El trek no es muy largo, unas cuatro horas. Al principio, el camino discurre por unas pistas terrizas con bastante buen firme, preparadas incluso para el tráfico rodado, sin apenas vegetación arbórea, se divisan muchos arrozales en la cercanía. Pronto nos desviamos por una senda lateral que se empina por momentos, se estrecha y comenzamos a introducirnos en la selva tropical que se espesa en la falda del monte. Terminamos este segundo tramo en un refugio forestal donde el guarda del Parque amablemente nos invita a té y café. Descansamos un rato antes de iniciar los tramos más duros, incluso tenemos que escalar una pared que afortunadamente tiene una antigua vía, unos clavos y cuerdas facilitan el ascenso, cada vez más empinado; el refugio rápidamente se va quedando abajo, poco a poco, chorreando de sudor, nos acercamos a un collado cerca de la cima, donde cambiamos de vertiente. Merecido descanso, la brisa en la altura nos refresca, desde aquí el paisaje es claro y nítido, a lo lejos sinuosos arrozales dibujan la topografía de las laderas y varios grupos de tongkonan salpican los claros, entre selva y arrozales. El descenso vuelve a ser peligroso, escarpado, saltando riscos con cuidado de no despeñarnos; cuando las pendientes se suavizan volvemos a introducirnos en la jungla, afortunadamente se suceden unos claros donde aparecen pequeños arrozales, y unos cuantos búfalos domésticos que nos dan un leve respiro.

 

Terminamos en el poblado de Palipu, asentamiento diseminado, formado por varios grupos de tres o cuatro casas barco, Son ya las dos de la tarde y nos acercamos a uno de esos tongkonan−granero para dar buena cuenta de las provisiones que traemos para el almuerzo; lata de espárragos, fruta, galletas, chocolate y agua. Descansamos un rato y reemprendemos el camino en busca de los vehículos, cruzamos de nuevo la selva, esta vez, por una senda que usualmente transitan los pobladores que viven esparcidos por estas tierras, cruzamos sucesivos claros, en algunos tongkonan y en otros casas más o menos elementales. El punto de reencuentro se realiza en el patio del colegio “Casar Negeri” en el cercano poblado de Gantaran, en el distrito de Kelurahan Kaero en Kekarhan Sangalla. El trek, aunque a veces duro a resultado gratificante.

cementerio de Tampangallo

Aún queda mucha tarde por delante. Después de un breve trayecto por las mismas u otras estrechas carreteras, serpenteando topografía ondulada, Marco y Jaka, nos acercan al primer cementerio toraja de verdadero interés, el de Tampangallo, al que llegamos andando por una pequeña senda, frente a unos arrozales y en el borde una pared de roca, un poco más adelante se encuentra una cueva y en esta muchos restos óseos (cráneos), en lo alto y sobre unos travesaños hay unas cuantas de ataúdes de madera, algo pequeñas ¡de niños!, o ¡serán osarios!, a su lado un grupo de tau-tau con ropas algo de deterioradas –Jaka nos comenta que usualmente las cambian una vez al año– nos observaban con semblante serio.

 

De vuelta a Rantepao, nos paramos de sopetón cerca del poblado de Karu´Aya, Jaka nos quiere mostrar algo, nos introducimos por un camino en cuyo borde aparece atado a un muro de piedra un enorme búfalo blanco, dice que son los más apreciados, seguro que lo están engordando como presente para alguna ceremonia que se celebrará pronto, «mira lo tienen amarrado con la cabeza alta para introducirle la comida a la fuerza para que engorde lo máximo». No muy lejos de allí, unos niños juegan con una pelota en el espacio libre que a modo de plaza dejan libre varios tongkonan entre ellos, nos acercamos a la tarima de uno de los graneros de esta improvisada plaza, allí se encontraban placidamente tres ancianos, nos sorprendían sus bocas enrojecidas de mascar betel mirando jugar a los niños, Jaka de improvisado interprete les hizo varias preguntas, con sus más de ochenta años y aunque sin apenas dientes parecían tener una salud envidiable, nos hicimos unas cuantas de fotos con ellos y por su puesto a lado de tan magnifico animal.

coro de niños en el poblado de Lobe Suaya

La última parada de la tarde la realizamos en un paraje donde construían uno de esos poblados provisionales destinados a la celebración de un funeral. De casualidad escuchamos música de flautas, atraídos por el sonido nos acercamos, era una formación de niños y niñas, el “Coro Tari” del poblado de Lobe Suaya, ensayaban con sus instrumentos, todos, flautas de bambú, en diferentes tamaños y escalas. El espectáculo era verdaderamente hermoso, el profesor de tan encantadores alumnos nos invitó a entrar –toda la escena se producía en un patio debajo de unos árboles de preciosas flores rojas, creo que flamboyán–, nos ofreció unos dulces mientras escuchamos unas piezas especialmente dedicada a nosotros, entre ellas el himno nacional, al final dimos unas generosas propinas y reanudamos nuestra marcha, ¡ah! le compré una pequeña flauta a una alumna. El final inesperado del día había tenido un colofón admirable, anocheciendo llegamos a Rantepao, quedamos para cenar en el mismo local y emplazados para una nueva jornada.

Mercado de animales de Rantepao

Hoy asistiremos al funeral de los familiares de Yeyen, la joven toraja que ha quedado prendada de Marco; tanto es así, que anoche, cuando llegamos al hotel nos dijeron en recepción, que le había dejado un presente; dos tubos de bambú repletos de carne de cerdo fuertemente condimentada y, la verdad es que no sabíamos que hacer con semejante cantidad de comida, al final se lo han repartido los conductores de nuestros vehículos. Por la mañana aún nos reíamos con tan curioso enredo, pero volvamos al programa del día, donde todo nos va encajando perfectamente, según lo previsto. Después de levantarnos y desayunar, un poco más tarde, nos hemos acercado andando al Mercado de animales, hoy lunes es precisamente el día de la semana en que se celebra. Los torajas de la comarca se reúnen en una gran explanada y unos cobertizos de madera próximos al mercado tradicional, donde exponen y venden su ganado, fundamentalmente, búfalos, cerdos y algunas aves. El enorme gentío que allí se reúne parece disfrutar con tan buen ganado, enormes búfalos blancos anillados en el hocico son mostrados con orgullo por sus propietarios. La ocasión nos ha venido que ni pintada, mientras Jaka escoge, negocia el precio y busca el transporte que lleve nuestro cerdo al poblado de Ususalu, nos hemos acercado de nuevo al Mercado de ayer para realizar una visita más extensa y por si alguno de nosotros quiere comprar algo, algún presente. El aspecto del mercado parece provisional, el ambiente animadísimo, mucha gente comprando o deambulando de un lado para otro, muchos de sus tenderetes se encuentran cubiertos con lonetas, el suelo es mayormente terrizo, se mezclan los puestos en los que se exponen todo tipo de género, desde comestibles como pescados y carnes, frescas o sazonadas, frutas, café y especias de todas las variedades; géneros tan distintos comparten el espacio con otros locales dedicados a los tejidos, por piezas o en vestidos, también lencería, calzado y droguería, ferretería, flores, antigüedades, que se yo, de todo; aunque verdaderamente, lo que más me ha llamado la atención ha sido la cuchillería, los machetes afilados con los que sacrifican a cerdos y búfalos en las ceremonias, quizás excesivamente grandes para cargar con ellos, me he hecho con dos hocinos, expuestos para la venta a campesinos, de los utilizados en la siega de arroz, similares a los nuestros, algo más cortos y curvados, con unas hojas de acero afiladísimas. A la salida del mercado ya nos espera Jaka, nos comunicó que el cerdo con el transporte le ha salido por 1.250.000 rupias, cada uno, redondeando, diez euros al cambio por cabeza. Vestidos ya de negro o por lo menos de oscuro, nos subimos todos en los vehículos e iniciamos el camino a Ususalu.

familiares del difunto con lo mejor de su ajuar en Ususalu

El poblado se encuentra muy cerca de la carretera, tenemos que cruzar una pequeña senda terriza y llegamos ya. Al bajarnos de los 4x4 vemos a un motorista que en su pequeño ciclomotor y sobre un transportín de bambú trae nuestro presente. Procede acceder a la ceremonia, Jaka nos prepara unas parihuelas de cañas y a las que se amarra el mismo transportín que traía las moto, las mujeres del grupo nos siguen, a modo de paseíllo torero, desfilamos frente a los familiares, que hasta nos hacen fotos con sus móviles, dejamos nuestra magnífica cochina negra en el suelo ‒parece del tipo vietnamita, de hocico empinado‒, cerca de la construcción donde se encuentran los difuntos que preside el recinto, al lado de otros animales‒ presentes.

nuestro presente entre los presentes

El funeral se realiza por partida doble, se entierran a dos difuntos, el abuelo de Yeyen y su sobrino, muertos hace más de dos años el primero y algo menos el segundo, durante todo ese tiempo han permanecido con la familia mientras construía esta ciudadela de madera bambú y palma. Nos saludan los parientes más próximos, hijos, primos, nueras y sobrinos, todos de escrupuloso negro; para ellos es un honor que unos visitantes llegados de tan lejanos países rindan honores a sus difuntos. Después de tan cariñosos y efusivos saludos nos acomodan por separado, hombres y mujeres, nos sentamos en unas esterillas sobre el entarimado de estos sombrajos de bambú y palma que con tanto esfuerzo han construido para la ceremonia, con nosotros se acomodan los familiares varones y aunque no entendemos nada, si alcanzamos a comprender que se sienten orgullosos de que estemos allí, nos ofrecen los cigarros locales de clavo llamados “kretek” desprenden un aroma excesivamente dulce, pero cómo para rechazarlos. Nos vuelven a traer café, te y dulces y esos tubos de bambú con “arak”, ese licor de palma que se produce en muchas partes de Asia y Oriente Medio y que elaboran a partir de fermentación y posterior destilación de la savia de la palma o de cocoteros y que es muy popular en Sulawesi, donde para recolectar la savia de los cocoteros, los toraja suben a los árboles y le cortan sus flores, la savia mana de esas heridas que es recogida en grandes contenedores y dejada a fermentar, obteniendo ese vino blanco que aunque dicen de sabor suave, me a parecido bastante amargo, ellos disfrutan bastante bebiéndolo, claro es que aún no está destilado. Mientras tanto el cortejo continúa, desfilan familiares y amigos portando sus presentes, muchos animales se van acumulando cerca y en honor de los difuntos. A continuación procesionan en hileras de a dos, tanto mujeres vestidas de negro tocadas con el típico “topi”, sombrero de palma cónico muy común en toda Asia, como hombres, estos algo más desaliñados, algunos portando garrafas de arak.

entierro en Ususalu, presentado respetos a familiares del difunto

Mientras tanto y aprovechando que los familiares se han ido a atender a otros visitantes nos hemos salido a dar una vuelta por el poblado, para curiosear sobre las costumbres de estas gentes, de entrada siempre se encuentran agrupados por sexos. Caminando por esta especie de ciudadela, en estos momentos, agitada por la celebración, me llama la atención que en una de estas construcciones a la que se dirigen los desfiles de grupos, quizás porqué se encuentren los familiares directos, la existencia de los “kandaure”, parecido a estandartes, montados sobre unas varas cilíndricas de madera pintadas de rojo. Los kandaure son adornos de cuentas o “daranding” en forma de sombrilla a medio abrir que se utiliza en los rituales mortuorios, sólo las niñas o mujeres jóvenes lo llevan en las fiestas. También las novias en sus trajes tradicionales. Algunos, son meramente decorativos, en cambio otros son rituales y están dotados de poderes, como por ejemplo atraer la lluvia; originariamente fue usado por la nobleza. Las cuentas primitivamente de semillas han dado paso a las actuales de plástico que reducen notablemente su calidad y en consecuencia su peso y precio. Más adelante, un grupo de niñas con unas facciones preciosas van vestidas con sus trajes típicos y sus collares, diademas y colgantes, también confeccionados con la misma técnica.

pabellón de los difuntos

La construcción principal se encuentra en el centro del recinto, su planta es rectangular, de unos 8x10 metros, la cubierta de palma en este caso es a cuatro aguas, igual que todas se levanta sobre una tarima; lo que sería la planta baja es un recinto diáfano en el se reúnen los familiares y donde también se ubica el equipo de sonido desde el que hablará el speaker; sobre esta planta e inspirado en lo tongkonan se levanta un templete abierto sobre seis columnas de madera, calculo que de 2x4 metros, el acceso se realiza desde una escalera de bambú exterior en la cara trasera; a media altura se divisan las dos ataúdes decoradas a modo de sarcófagos de los difuntos; en toda su decoración únicamente intervienen tres colores, rojo, negro y blanco. Exteriormente encontramos los altavoces y las fotografías de los difuntos en el templete y cuatro kandaure colgando de la parte baja de la techumbre barco que, me parece que es de paja de arroz.

 

De pronto la megafonía comienza a bramar de forma atronadora sirviendo de llamada a toda la gente allí congregada, que acude a sus inmediaciones. Los cerdos se han recogido, dejando un espacio libre sobre el que necesariamente ha de ocurrir algo. Todos estamos apostados en las cercanías a la espera del momento culmen de la ceremonia. El orador, del que no entendemos nada ya que se expresa en bahasa, al parece interpretamos, da las gracias a todos los asistentes por su presencia, nombra familias, amigos, incluso a nosotros, algunos aplauden. También por la cadencia de su oratoria, creo que recitan plegarias. Un buen rato duran estos testimonios y recitados. La gente parece expectante. A continuación aparece un grupo de hombres, unos veintitantos, todos vestidos iguales, de azul, forman en círculo y comienzan a danzar y cantar. Cuando estos finalizan y se retiran se aprecia una cierta excitación en las caras de estos torajas, parece que va a comenzar el rito fundamental de estas ceremonias.

sacrificio en honor a los difuntos

La explanada se ha quedado vacía, por la expectación recuerda a las corridas de toros, pese a quien le pese. Entra el primer búfalo, la primera víctima cruenta, acompañado, no sé, si de su dueño, de su cuidador o de su sacrificador, blande su machete y el pobre animal forcejea, ¡zas! de un solo tajo le ha seccionado la garganta, el animal cae al suelo donde únicamente sus cuartos traseros brevemente realizan unas tímidas y últimas sacudidas. A continuación entra otro, se repite el rito, donde antes cantaban es ahora el escenario de la muerte. Siempre son hombres o jóvenes, uno por animal, son tremendos los tajos asestan, por las gargantas abiertas brotan chorros de sangre que incluso, cuando cae al suelo recogen en tubos de bambú, el espectáculo está servido. Han sacrificado a cinco ejemplares, en este caso todos negros, que se encuentran por un momento en esta plaza improvisada. Aunque pensamos que todo ha finalizado, ya de hecho nos hemos reunido para despedirnos y marcharnos. Cuando dejamos el poblado, nos topamos súbitamente con los estertores de la matanza, los bichos retirados a un claro en el acceso de la aldea comienzan a ser desollados y descuartizados, las piezas obtenidas las van colocando en el suelo sobre grandes hojas de banano, según nos cuenta Marco, toda la carne obtenida se reparte entre los asistentes. No se si este último acto habrá sido el final del funeral, lo cierto es que nosotros lo damos por finalizado y bien satisfecho que hemos quedado, todas nuestras expectativas de nuevo han sido cubiertas.

cementerio toraja de Kuburan Batu

Regresamos a los vehículos, donde tenemos que esperar a Marco que se despida de Yeyen, ¡pues no que se quiere venir a España con él!, cuando llega le hacemos bromas y reímos ante lo embarazoso del asunto. Cuando son cerca de las cuatro de la tarde reiniciamos la marcha. Han previsto que visitemos, y allí nos dirigimos, los enterramientos de Kuburan Batu, cerca del poblado de Lemo a unos doce kilómetros de Rantepao. Quizás seas éste el mejor exponente de una tradición cuyo origen se remonta a los ritos funerarios de la religión animista de los toraja. Se trata de un conjunto de nichos tallados en una pared vertical de piedra –conté unos cuarenta–, entre ellos se salpicaban unas hornacinas sin mucha profundidad, rectangulares y algo mayores; como si se asomaran desde un balcón, quedaban sostenidos por una madera otros grupos de tau tau. El paisaje que rodea al conjunto es sumamente equilibrado, al final de la pequeña carretera que nos ha acercado una explanada terriza que hace las veces de aparcamiento, al fondo unos arrozales de un verde intenso bañados por la luz del atardecer y frente a la roca, la selva a la que incluso le realizamos una inmersión. Finalmente en los alrededores se encuentran algunas tiendecillas de recuerdos, en una de ellas adquirí una pequeña talla de un búfalo de madera y en otra unas pulseras con aquellas cuentas coloreadas de plástico que mencioné en los kandaure.

arrozales en la ladera camino de Limbong

El día de ayer lo finalizamos en el mismo y pequeño restaurante tras el hotel, el dueño pinta tablas con dibujos geométricos como las que decoran los tongkonan bastante bonitas y a buen precio, así que me he comprado una. Cansados y recordando el día tan interesante que hemos tenido la suerte de vivir nos fuimos pronto a la cama, en la cena Marco que nos acompaña como en noches anteriores nos ha expuesto en programa de mañana, día 14. Después de desayunar nos acercaremos al Mercado en busca de provisiones, las del almuerzo en el camino que haremos en algún claro de la selva, además de los preparativos para la posterior cena y el desayuno de la mañana siguiente, en el tongkonan del poblado toraja de Limbong Tagari en el que haremos noche. Nos avisa, larga caminata por arrozales, selva y de nuevo pequeños asentamientos de tongkonan.

 

A las diez más o menos, después de cargar nuestras provisiones en las furgonetas con las que hicimos un primer tramo por carretera, hasta el poblado de Kete, desde donde iniciaríamos la caminata a píe.

arrozales cerca del poblado de Kandu Poya

A las once dábamos los primeros pasos e iniciamos la caminata, bajábamos suavemente por pequeños arrozales en algunos claros de la jungla, en los que se integran perfectamente. Sin solución de continuidad, al salir de esta zona de cultivos nos precipitamos en el interior de una espesa selva, la humedad, el fango y sudor azotaba nuestros cuerpos, en fila india discurríamos por una estrecha senda que por momentos se empinaba tanto que me veía obligado a trepar asiéndome a la vegetación rastrera, fueron momentos duros, la recompensa fue superados sin aparentes daños y no sin poco esfuerzo. A continuación tocaba la bajada, también era accidentada, pero en comparación, una autovía. En la falda, no muy lejos, en un pequeño rellano divisábamos unos cuantos de tongkonan y algunas otras casas de maderas más humildes diseminadas, Jaka nos indicó que se trata del poblado de Kandu Poya, donde aprovecharíamos para descansar. La parada fue corta, beber y para de contar, Marco nos apremiaba «aún queda bastante», vuelta al camino, en las mismas condiciones que el anterior, menos mal que las fuertes pendientes del cerro que habíamos superado no volverían a repetirse. A la 1,30 llegamos a otro poblado, nos dijo, «es Perayan», paramos en un grupo de tongkonan que colocados en círculo, improvisando sobre la tarima de uno de los silos nuestra mesa comedor, aprovechamos para almorzar, dimos buena cuenta de las provisiones que acarreábamos, en esta ocasión, unos sabrosos mangos, pera, galletas y una cola, los que adquirimos en el mercado. A la media hora ya estábamos de nuevo en marcha. Estos tramos de camino volvían a ser bastantes llevaderos, se repetían los paisajes de arrozales sinuosos que salpican la selva, tablas de arroz escalonadas y de bordes sinuosos que se ajustan perfectamente a la ladera, los tallos de arroz plantados son aún jóvenes. Me llamó la atención de unos muretes circulares en el interior de algunas tablas, parecidos a estanques, aunque rodeados de agua, le pregunté a Jaka, hablaba bastante bien castellano, además cuando no entendía alguna palabra me pedía una similar, hasta entenderla, terminaba apuntándola en una pequeña libretita. Dijo, en ellas crían anguilas, un buen complemento calórico para la dieta a base de arroz de estas familias.

 

Aunque la televisión nos ha acercado estos lugares ignotos en multitud de ocasiones, no es lo mismo. Estos paisajes, no sólo llegan a ser de una gran plasticidad, sino que además suponen un excelente medio para la sostenibilidad del ecosistema. Es curioso observar como únicamente a los búfalos de agua les está permitido campar a sus anchas por las plantaciones, las que veces, destrozan literalmente, evidencia del aprecio que este pueblo le tiene a éstos, sus animales domésticos.

pequeños "liang" a la entrada de Limbong

En Sulawesi como en toda Indonesia y Asia, el arroz es vital para mantener a una población en continuo crecimiento, y en la isla únicamente es posible en la selva, abunda el agua de las muchas torrenteras que canalizan las lluvias tropicales y, cuando la topografía se suaviza, el suelo arcilloso colabora. Las familias se afanan en cultivar este cereal básico en su dieta en donde es posible, crean sinuosas terrazas escalonadas en la ladera que son llenadas por rebosamiento desde la más alta de todas, devolviendo el agua sobrante a los cursos de agua naturales.

 

El arroz representa uno de los tres principales cultivos del mundo, ocupa el segundo lugar después del trigo en cuanto a área cultivada, con una producción de más de 600 millones de toneladas algo menos que maíz y trigo. Se cultiva en climas cálidos y húmedos o climas con estación lluviosa, en todo el mundo, la gran mayoría en Asia, siendo Indonesia es el tercer país productor, contrastando la única cosecha que se produce en las áreas templadas con las tres de las regiones tropicales. Aunque se puede cultivar en seco como cualquier otro cereal, el sistema más extendido es el sumergido en un campo inundado, el otro sistema, denominado de tierra seca es más propio de las áreas subdesarrolladas de África y América Latina.

secado de panojas de arroz

El arroz es una gramínea anual cuya variedad principal es la “Oryza sativa” originaria de los trópicos húmedos de Asia, de tallos redondos y hojas planas alargadas, las semillas nacen en espigas arracimadas en unas panojas en el extremo del tallo superior, que llega a alcanzar metro y medio de altura. Los suelos aptos son por lo general arcillosos y compactados para retener el agua, labrándose cuando está mojado e inundado. El arroz crece sumergido, su tallo es de un tejido vegetal adaptado a estas condiciones, transporta el oxigeno contenido en el aire hasta las raíces, favoreciendo la obtención de nutrientes minerales del subsuelo, además en estas condiciones especificas la aparición de las malas hierbas es menor. La siembra se inicia preparando la tierra en seco, arándola con yuntas tiradas por búfalos, se eliminan hierbas que hayan podido crecer en las tablas secas en temporada de descanso, se reparan los diques o terraplenes de contención que las contornean. La plantación se realiza enterrando las plántulas de arroz criadas previamente en semilleros o almárcigas, cuando los brotes tienen dos o tres hojas. Durante el crecimiento del cereal, las balsas se llenan y vacían varias veces antes del drenaje final previo a la cosecha. La preparación, siembra y cultivo requiere el trabajo de toda la familia. 

la familia preparando el arroz

Después de cruzar incontables arrozales llegamos a nuestro destino. Eran las cuatro de la tarde al final del camino, ya muy cerca de Limbong Tagari observamos en una de las laderas de las muchas ondulaciones que salpican la selva unos curiosos y pequeñitos tongkonan, al preguntar a Marco que es lo que eran, me indicó «son las parihuelas en la que trasladan a los muertos desde sus casas a los recintos de las celebraciones, se llaman “liang”» Jaka corroboro la explicación. El pequeño poblado se encuentra colonizando un pequeño valle alargado, dos hileras de tongkonan se sitúan en sus bordes, una de de viviendas y frente la otra, de graneros, en el centro una ancha explanada terriza en las que un grupo de niños se divertían jugando al fútbol.

 

Nos recibió la familia de acogida, la que nos hospedará esta noche, por supuesto previo pago, el continuo trasiego de turistas por estos lares le supone a las familias unos ingresos extras que no les vienen nada mal. Nos ofrecen refrescos y cervezas de un frigorífico alimentado con un generador, ya que a estos parajes tan alejados no llega la electricidad. Acomodamos nuestras mochilas en el tongkonan y aprovechamos la existencia de un estanque que recoge agua limpia que brota de un manantial, sabemos de su existencia ya nos lo cruzamos al llegar, nos permitió refrescarnos y asearnos, que falta nos hacía. Mientras cae la tarde y llega la hora de la cena nos reunimos en la tarima de un granero, echamos un rato ameno de charla, a estos viajeros que conocen medio mundo les encanta contar batallitas. Cuando comienza a anochecer, en estos parajes a las seis de la tarde, la oscuridad termina cubriéndolos. En un cobertizo trasero a nuestro tongkonan, Marco prepara los avios que compró en el mercado y en una sartén sobre un hogar de leña cocina una suculenta tortilla de patatas para la cena. Muy cerca, las nietas sonríen al observarnos, se realizan el descascarillado del arroz en un gran mortero de piedra con unas mazas de madera y que después pasan a la abuela para que lo cierna y separe la vaina o salvado del grano. La falta de luz terminó llevándonos casi a las ocho al dormitorio comunitario. La noche la pasamos todos juntos y un poco apretados en el sumbung.

preparando el rafting por el río Maulu

Desayunamos tostadas con mantequilla y café de achicoria, lejos de las variedades robusta y arábiga de Sólo, recogimos todos nuestros bártulos del tongkonan refugio nocturno y dejamos Limbong. Iniciamos temprano la marcha de regreso, a eso de las ocho retomábamos el camino en busca del siguiente destino. Aunque la senda no era la misma, si el paisaje, pequeños poblados salpicados de casas barco, arrozales y tramos de jungla. A las tres horas largas nos encontramos con los vehículos, en ellos dejamos las mochilas, libre de carga aún nos quedaría una hora más hasta llegar a la orilla del río Maulu, el que bajaríamos en bote hasta regresar a las afueras de Rantepao.

 

Serían las diez de la mañana cuando llegamos a un cruce de caminos donde nos esperaban unos jeep de la agencia organizadora del rafting, preparados los tripulantes de los botes y los pertrechos necesarios para la travesía, chalecos salvavidas, palas de remo y cascos. Media hora más por unas sendas fangosas, impracticables y con unas pendientes forzadísimas, y llegamos a la orilla, allí esperaban tres botes. Coincidimos con otros dos viajeros españoles, o catalanes, viajaban con Banoa y que el paquete que tenían contratado era similar al nuestro, pero como ellos decían que el suyo era mejor, terminaron agregados a nuestra expedición, en nuestros botes. El tripulante de la embarcación nos dio indicaciones de cómo usar los remos, como atender a las órdenes de paro y marcha, e instrucciones para los virajes, vitales para no volcar. En mi bote viajaba con una de las catalanas del grupo y con los dos agregados, que rápidamente hicieron migas, en total cuatro más el piloto.

 

Iniciamos la travesía, el paisaje era espectacular, bajábamos por un cañón que sajaba la selva en dos, en sus laderas destacaba una espesa vegetación en un intrigante verde oscuro. Infinidad de iguanas, vistosos machos y ágiles hembras tomaban el sol en grandes cantos rodados, saltando de uno a otro y huyendo ante nuestra presencia. Sobre las doce atracamos en una estrecha playita de arena grisácea que formaba una ensenada en la orilla, amarramos los botes y nos dispusimos para comer, teníamosing  unas raciones que nos trajeron preparadas en los vehículos de Rantepao. Una vez satisfechos la ocasión era propicia para darse un baño, el agua templada supuso el relajo necesario después de tanto ajetreo como llevábamos en los últimos días, a la media hora reiniciamos la marcha. Cauce abajo nos topamos con una gran roca, motivo de una nueva parada ¡programada!, en este caso y quizás haciendo un tanto el ganso, la subimos para saltar desde lo más alto. Nos divertíamos sorteando los rápidos que nos encontrábamos en la marcha y jugueteábamos adelantándonos y salpicándonos agua con las paletas, disfrutábamos como chiquillos.

el río Maulu surcando Tana Toraja

Sobre las dos, el cauce ensanchaba y el caudal se amansaba, quizás indicándonos la presencia de Rantepao, fue entonces cuando ocurrió uno de esos hechos que te marcan para toda una vida. Unos niños correteaban por la orilla, nos hacían gestos y nos gritaban, le pregunté al piloto que iba en nuestro bote y chapurreaba castellano, que qué decían, me respondió, «dicen que si les podíamos dar pan», me quede totalmente cortado, pensé, “nosotros haciendo el gilipoyas y ellos solo piden pan, que ni le damos”, no lo olvidaré jamás. La bajada del Maulu llegaba a su fin, desembarcamos debajo del puente de una de las carreteras de acceso al pueblo, la ribera de grava nos sirvió de improvisado vestuario, nos pusimos ropa seca, recogimos las mochilas y volvimos a las furgonetas que nos acercaron al hotel, después de otra hora más de trayecto.

 

La sensación era la de llegar a casa, cansados, deseando una ducha y tirarnos en la cama. Traía las pantorrillas totalmente achicharradas, me di una prolongada ducha con agua fría y caí rendido. A eso de las ochos íbamos apareciendo por el patio, casi todo el grupo acordamos ir de nuevo al mismo restaurante, volví a repetir filete de búfalo con patatas y aunque quede plenamente satisfecho para ir a la cama y esperar la nueva jornada que nos llevaría de regreso a Makassar, no se me iba de la cabeza la imagen de los niños correteando por la orilla pidiendo pan.

adiós a nuestro inseparable JAKA, etnia bugi

Hoy por la mañana cuando recojamos todos nuestros bártulos dejaremos Sulawesi. Y bien temprano que nos hemos levantado, parece que deseemos llegar a nuestro próximo y último destino, que será la afamada isla de Bali, allí permaneceremos cuatro días.

 

Han sido siete horas interminables de autobús, carreteras algo más que infernales, ni si quiera el que hayamos parado varias veces ha servido de alivio, el trayecto se nos ha hecho largísimo. Pero por fin hemos llegado Makassar, la vuelta al hotel Pantai Ganpura, quizás el mejor de todos los que nos han acogido, eso sí ha supuesto el verdadero descanso. La tarde la hemos aprovechado para darnos un prolongado baño en la piscina, y entre otras cosas mirar los correos abandonados en la carencia de informática durante varios días, personalmente no he perdonado un buena siesta. A las siete Marco nos ha citado para cenar en otro local de los que tiene buenas referencias, “La isla LAELAE” con sus deliciosos platos de pescado frito. Aunque acostumbrado al de Huelva y Cádiz, tampoco ha sido para tanto, bueno, ha estado bien. Eso sí, que capacidad de aglutinar tiene este joven guía, hemos repasado nuestra estancia en la isla, que abandonaremos mañana y, a la que quizás nunca volvamos.

 

Amanece y nos preparamos para la partida, ya esperamos todos en la puerta del hotel. Lo más emotivo ha sido despedirnos de Jaka, nuestro entrañable guía local de la tribu de los Bugi, acompañante incasable durante toda nuestra estancia en Sulawesi, atento, cariñoso y entregado, un encanto de persona, a todos nos a costado despedirle. También hemos correspondido a los dos conductores de nuestras furgonetas, las de la Agencia Parawasita. A Schumacher, como no, siempre en cabeza, con su temeraria conducción segura digna del mejor piloto de formula 1 a cuyo apodo se hizo merecedor, ni pensar que tiene once hijos le frena lo más mínimo. Y a Asis, en segundo lugar, en el vehículo que me tocó en suertes, enjuto y moreno, con piel avolcanada y serio, muy serio, se parecía más a un árabe que a un indonesio. Después de unos fuertes abrazos y miradas tristes y melancólicas nos despedimos, no sin antes entregarles las propinas que habíamos juntado entre todos, generosas en agradecimiento por el buen trato recibido.

 

Al aeropuerto llegamos sobre las ocho después de una hora de conducción, en este caso por buenas carreteras y autovías. Carreteo de maletas, embarque y tediosa espera.

ISLA DE BALI

calle principal de la ciudad de Ubud en la isla de Bali

Sobre las 9,30 el avión levantaba vuelo con destino Dempasar, el trayecto no fue largo, hora y media entre islas y entrada en el Aeropuerto Internacional de Ngurah Rai cuyas osadas pistas se adentran en el mar, al Sur de Bali. A la salida nos esperaba un nuevo vehículo, el que nos acercaría a la pequeña ciudad de Ubud a no más de 50 kilómetros donde estableceríamos nuestro centro de operaciones para los movimientos que realizaremos en la Isla. Ya en el trayecto en bus pudimos apreciar que Bali es distinta, más rica y cosmopolita, pese a que se acuse una mayor desigualdad entre sus gentes. Un buen número de sus casas son aisladas, compuestas por pabellones ricamente decorados, hay muchos los templetes, banderolas y grandes figuras en honor a sus dioses hinduistas las que salpican y decoran caminos, calles y carreteras; el paisaje semi rural y urbano visto en el trayecto me ha resultado interesante, distinto. La religión de la Trimurti es muy importante en la isla, atrás han quedado musulmanes, cristianos y animistas de Java y Sulawesi. Nuevamente, después de unas cuantas horas empleadas en tan pocos kilómetros, llegamos a Ubud, el tráfico ha sido bastante intenso, con vehículos de todas clases en ambas direcciones y como siempre multitud de ciclomotores.

arrozales en los alrededores de Ubub

Bali es la isla más occidental del archipiélago de Sonda, tiene al Oeste Java y al Este Lombok. En sus 5.700 km2 viven unos 4 millones de balineses, siendo Dempasar con 600.000, la ciudad mayor. La zona montañosa se extiende desde el centro hacia el Este, siendo cumbre más elevada el gunung Agung con 3.142 metros, volcán que tuvo su última actividad en 1963. Además de Dempasar al Sur de la isla, otros núcleos importantes son Singaraja al Norte y Ubud al Norte de Dempasar. Los principales puntos turísticos son Kuta, famoso por sus playas de arena blanca, objeto deseado y destino de surfistas australianos y que contrasta con las arenas negras del Norte de Sanur, Jimbaran y Nusa Dua. Son bellísimos arrecifes de coral que rodean la isla y que hacen las delicias de buceadores venidos desde todos los puntos del globo. Otros atractivos que hacen de la isla un destino turístico muy popular, son: el arte, la danza, la escultura, pintura, orfebrería, peletería y como no, su particular estilo musical, el gamelan. El espectacular desarrollo del turismo internacional a partir de 1950 permitió un incremento sustancial del nivel de vida de los balineses, sus playas son famosas en todo el mundo y su arte y artesanía gozan de un gran reconocimiento internacional. Su renombrada danza folclórica legong es una de las muchas danzas balinesas. A raíz del turismo, Bali se convirtió también en un notable centro de intercambios comerciales pero el desgraciado atentado de 2002 supuso un duro golpe a esta fuente de ingresos. Con respecto a las religiones que profesan los isleños, mayoritariamente son hinduistas, pero de una forma muy particular, un tanto inusual, mezclan dioses y doctrinas con creencias animistas y el culto budista, además viven en total armonía con las otras confesiones, las pequeñas minorías de musulmanes (pescadores), con los cristianos y con los budistas. La mayoría de sus habitantes se dedican a la agricultura, al cultivo de arroz y otros productos, como frutas y verduras. También, pescadores y artesanos, que producen telas, tallas de madera y piedra y, objetos de orfebrería.

 

A la una del mediodía hemos llegado por fin, a éste, que sí nuestro último alojamiento en Indonesia, el resort “Panda Pernay Bungaloes”, un nombre excesivamente pomposo para un lugar un tanto casposo. Marco, como siempre súper atento nos distribuye en las correspondientes cabañas, citándonos para acto seguido acompañarnos a un cercano local en el que dice sirven buenas y baratas comidas, “Lotus” se llama y se encuentra en la calle principal, la Monkey Forest St. Aunque acumulamos cansancio habrá que apurar estos últimos momentos en país tan lejano. Saciamos nuestros apetitos con creces, tomé una pizza margarita y de postre café, necesitaba ya comida occidental. El local tiene unas terrazas escalonadas semiabiertas que resultaban bastante agradables, así que la sobremesa, sin proponérnoslo, se alargaba, charlando relajadamente, eran momentos en que ya nos daba igual el paso del tiempo. Por fin nos levantamos y Marco propuso aprovechar el resto de luz del día, iríamos a visitar el Monkey Forest y después, daríamos una vuelta por los alrededores.

el bosque sagrado de los monos en Ubud

El Bosque Sagrado de los Monos de Padangtegal se encuentra a las afueras de Ubud, fundido con un pequeño poblado del que toma su nombre. Esta importante atracción turística es una reserva natural de unas 27 hectáreas, hogar de los mucho monos que lo habitan, una compleja sociedad de macacos de cola larga, de los que se cuentan en la actualidad más de 300 individuos, muchos de los cuales se aventuran a los arrozales e incluso a las casas cercanas de la ciudad, llegando a representar un autentico problema para los propios vecinos, aún así, existe una fundación que los protege y estudia.

 

El bosque se encuentra al final de la calle o medio carretera Jl. Monkey Forest, en dirección Sur, bordeado en sus bordes Sur y Oeste por un curso de agua. A su interior, después de abonar una entrada se accede por unos caminos empedrados que parecen descender al curso de agua, los bordes están salpicados por esculturas alusivas a diversos dioses hinduistas. Aunque en la arboleda reconocía algunos ficus religiosa y flamboyanes, otras especies me resultaban extrañas y atractivas, sabiendo que Marco es también aficionado a la botánica le pregunté por sus nombres. Algunos ejemplares eran de “Pule Bandak” o espíritu del bosque, su madera es empleada en la fabricación de máscaras, otros eran de “Majegan”, utilizado en la construcción de sus efímeros templos, o el “Berigin”, cuyas hojas son muy apreciadas en las ceremonias de cremación. Una vez cruzado el parque llegamos al recinto religioso, en el que se encuentran los templos hinduistas, lo más importantes son el “Candi Padangtegal o Gran Templo de la Muerte” y el “Candi Pura Dalem Agung Padangtegal”, a continuación hay otros dos de menores dimensiones, uno dedicado a los baños y fiestas de primavera y otro usado en las ceremonias de cremación. Parecen datados en el siglo XIV, construidos por la dinastía Pejeng, posteriormente destruido y reconstruido en varias ocasiones. En su conjunto el Bosque representa un lugar sagrado en el que se combinan aspectos animistas, como el culto a los antepasados, con budistas e hinduistas. Los monos los suelen considerar como la encarnación de las fuerzas positivas y negativas, naturaleza dual especialmente reflejada en los poemas indios del Ramayana, donde se cuenta que el rey de los monos Sugriwa o Hanuman, ayuda al dios Rama a recuperar a Sita, su esposa. Los balineses detestan tanto a los monos como lo veneran.

templo de Uluwatu en la península de Butik

A partir de aquí pierdo el hilo conductor del diario. Quizás fuese el cansancio o el deseo de regresar a mi tierra, lo cierto es que deje de tomar esas notas que hasta ahora me han permitido reconstruirlo. Ahora, siguiendo las fotos tomadas, tan solo puedo aportar algunos detalles de los que más me impresionaron en los últimos lugares que visité.

 

Al salir de Monkey Forest, tal y como estaba previsto dimos una vuelta por los alrededores, tan largo fue el paseo que llegamos ya muy de noche. Antes de recogernos Marco nos propuso alquilar unos ciclomotores para que así, los días que nos quedaban los pudiésemos rentabilizar al máximo recorriendo la isla de una forma muy especial y divertida. Todos aplaudimos la iniciativa, aunque tres compañeros no se atrevieron a utilizar las dos ruedas, pensaron que con la circulación tan caótica, un ciclomotor era una temeridad, así que alquilaron un 4x4 “un pajero”. Así quedo nuestro primer día en Bali.

 

Segundo día. Por la mañana temprano después de desayunar partimos hacia el extremo Sur de la Isla, para visitar el templo de Ulu Watu, cerca de la población de Pecatu y en el borde de los acantilados más septentrionales de la península de Butik. Fue allí donde un dichoso macaco me arranco las gafas y aunque al final pude recuperarlas me rompió uno de sus cristales. Hasta que no llegué al resort por la noche, no pude colocarme las de repuesto, así que estuve todo el día a gatas. Tardaríamos una hora y media en recorrer los 60 kilómetros que lo separan de Ubud.

musulmanes en las playas de Kuta

Almorzamos en un chiringuito de una playa cercana, en Nusa Dua, al parecer de un conocido de Marco; nos dijo que el padre de éste, era pescador y recolectaba perlas, que les podíamos comprar a buen precio. Aún nos quedó tiempo para darnos un baño en una de sus playas, muy ancha, de una arena fina y blanca, la típica de las postales de Bali. Al finalizar, nuestro guía nos dijo que no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar las playas de Kuta, «están tan solo a unos treinta kilómetros», allí podíamos dar un paseo entre surfistas e incluso degustar un buen café. Estas playas, tan esplendidas como las de Nusa, se sitúan en la costa Oeste de la Isla, un poco antes del comienzo del istmo de Batik. Poco antes del atardecer regresábamos a Ubud, en el camino perdimos de vista al 4x4 e intentado retroceder para buscarlo, cometimos una torpe infracción de tráfico. Nos libramos de los policías con un ridículo soborno, ni llevaba ya dinero, ni permiso de circulación internacional, ni gafas, aún me da repeluco recordarlo.

 

El penúltimo día en Bali lo dedicamos a dos actividades bien distintitas. La principal sería el snorkel en las playas de Pandangbai (a una hora y a 42 kilómetros de Ubud). Después del desayuno tomamos nuestros ciclomotores y con el almuerzo cargado en las mochilas tomamos dirección Norte, hacia el centro de la isla, buscando el importante templo hinduista de Gunung Kawi en Tampaksiring aproximadamente a unos 20 kilómetros. En el camino al pasar por la población de Sapadu nos cruzamos en la misma carretera, con muchas mujeres ataviadas con los vestidos típicos y de gala de las balinesas y con grandes cestas de fruta en sus cabezas, se dirigían a realizar ofrendas, las conocidas como Pura Push en un templo cercano, según apostillo Marco. Obviamente paramos a realizar los obligados reportajes fotográficos.

camino de Gunung Kawi

Saciada nuestra inmediata curiosidad continuamos camino a Tampaksiring. La movilidad y agilidad de los ciclomotores es increíble, al girar en una curva Marco freno súbitamente, en un pequeño taller al borde de la carretera un artesano sentado sobre sus propias piernas y bajo un liviano sombrajo tallaba figuras de deidades budistas, de nuevo procedían las consabidas fotos, algún compañero admirado por los objetos de madera pregunto precio, algo se compró, fue el 4x4 el encargado de transportarlo al resort. Una nueva parada se mereció otro templo, en este caso al estar dedicado al culto únicamente lo fotografiamos desde la carretera.

 

A media mañana llegamos a nuestro primer destino, el Candi Gunung Kawi, un excelente complejo de templos hinduistas construidos durante el siglo XI a ambos lados del río Pakerisan al noreste de Tampaksiring. Accedimos por una placita repleta de tenderetes turísticos dedicados a la venta de souvenir, antes de entrar nos tuvimos que colocar las obligatorios batic para taparnos las piernas, que allí mismo alquilamos. Bajando unas escalinatas descendíamos hasta la cuenca del Pakerisan, entre otras construcciones religiosas recientes se hallaban los diez santuarios, unas singulares capillas piramidales macizas, de unos siete metros de altura talladas en el interior de unas hornacinas en la pared escarpada de roca. Al parecer eran hitos funerarios dedicados al rey Anak Wungsu de la dinastía Udayana que dominó por estos parajes en el siglo décimo. Por doquier estanques con carpas rojas nadando en sus aguas transparentes y surcos de agua en susurrantes acequias bajo una exuberante vegetación. Al salir Marco con unas palmas mojadas me unció la cabeza y recito unas plegarias, me  contó que según la tradición hinduista al llegar a este recinto religioso era preceptivo realizar tales abluciones. A la salida compré en el mercadillo un gran “topi”, sombrero cónico de palma para mi querido amigo Javier.

tiendas de souvenir en el templo de Gunung Kawi

Aún nos quedaban unos 50 kilómetros hasta llegar a las playas de Pandangbai, debíamos de volver primero a bajar hacia el Sur buscando Ubud para antes de llegar girar al Este en dirección a la costa, calculo que unas dos horas, que terminaron siendo bastante más, perdimos contacto con uno de los ciclomotores al pinchar y tardaron casi una hora en conectar de nuevo. Viajábamos todo el grupo compacto y unido, pese a que al menos cuatro, dijeron la noche anterior que practicarían harían snorkel, aunque no se perderían el viaje, seguro que valía la pena. Mientras Marco cerraba el alquiler de equipos y lo botes que nos acercarían a los arrecifes, dimos cuenta de las viandas traídas en un coqueto localito en línea de playa. La experiencia fue inolvidable, por mi parte, la primera vez que disfrutaba de peces de colores en su medio natural, quizás fuese media hora la que dedicamos a sumergirnos, más que suficiente ya que cansaba bastante la continua inmersión. Dos pequeños botes que se equilibraban en la mar con dos barras, antaño tallos de bambú, fueron los que nos introdujeron unos quinientos metros mar adentro, algo menos de un tercio de milla náutica.

hacia los arrecifes frente a las playas de Pandangbai

Regresábamos muy satisfechos del día, nuevamente bastante completo y es que nuevamente no me cansaré de reconocer en el joven Marco un excelente guía, dinamizador y aglutinador. Como diríamos los más mayores, el novio perfecto para nuestras hijas.

 

Al llegar a Ubud devolvíamos los ciclomotores y recogíamos las fianzas. Ya que mañana partimos de regreso, por la tarde cada uno destino el tiempo libre a lo que quiso, la mayoría fue de tiendas. Personalmente lo dedique a preparar el equipaje y a relajarme en la habitación, incluso jugué un par de partidas de ajedrez con Marco en la piscina, hasta la noche. Todos habíamos quedado en el hall del resort para ir a cenar juntos, él se encargó de la reserva, volvíamos a repetir en el Lotus, que tanto ha gustado a todos.

Mercado de Ubud

Las chicas se habían arreglado para la ocasión, un empleado del local nos acompañó a una mesa decorada con velas y sándalo preparada para la ocasión. Charlábamos de un precioso y apasionante viaje que se llegaba a su fin. Marco nos volvió a sorprender sacando de una bolsa unas botellas de vino, dijo que era un regalo en agradecimiento a tan excelente grupo de viajeros, él que precisamente era el homenajeado y nosotros los que debíamos estarle agradecidos, Le halagábamos su dedicación al grupo, ya que no hubo momento en el que improvisara una actividad o aportara su propia experiencia de viajes anteriores para enriquecer el nuestro, obviamente no le dejamos pagar. Unos momentos entrañables.

 

La mañana siguiente y hasta la hora del traslado al aeropuerto de Denpasar, la dedicamos a callejear por el centro de Ubud, visitar el Mercado y el Palacio, en éste un grupo de mujeres tocaba en instrumentos de percusión música popular balinesa. Compramos los últimos regalos y vuelta al hotel, a recoger y cargar los equipajes, aquí sí que se acaba todo, aún nos quedaría un transbordo en el aeropuerto de Jacarta y a Barcelona y de allí a casa, a Sevilla.

 

 

Los colores de Indonesia son ROJO, BLANCO, AMARILLO Y NEGRO.

 

Víctor Díaz López

Diciembre de 2010

GLOSARIO

 

awu, ceniza

bahasa, idioma oficial indonesio

Candi, templo

GunuNG, volcán

PASAR, mercado

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