V. de vuelta a DELHI

 

Abril de 2014

Old Delhi Junction

Llegamos al final de nuestro incesante trasiego por el Norte de la India. Nos dirigimos al Sudeste de la capital Delhi en busca del complejo Qutub; bordeamos el casco histórico para cruzar la Nueva Delhi; por segunda vez contemplamos desde las ventanillas la Puerta de la India, tomamos por la avenida que cruza la ciudad hacia el Sur, por Sri Aurobindo Marg en busca de la calle Calca das Marg, donde dejamos aparcado el autobús y nos reunimos con el guía local, en este caso Jimi “el fascista” (ya conoceréis el origen del apodo). Aún nos resta un corto trayecto hasta el Complejo arqueológico, caminamos unos 500 metros para esperar todos agrupados a que nuestros guías adquieran los pases. Cuando vuelven, aprovechando la reunión y antes de que nos dispersemos en el interior, el delhiite Jimi se apremia en dar unas breves nociones históricas, básicas por otra parte para entender lo que veremos. La narración comienza con el rey rajput Prithviraj Chauhan, quien gobernará durante la segunda mitad del siglo XII los bastos territorios alrededor de las capitales de Ajmer y Delhi; fue derrocado por el sultán más poderoso del imperio Ghurid, el musulmán Mohammed Ghori en su afán por ampliar sus dominios y extender la religión de Mahoma; le sucedió el mameluco Qutbuddin Aibak a la postre el primer sultán de Delhi, quien para celebrar la victoria construyó la mezquita Quwwat-ul-Islam y el Qutb Minar en 1192, en estos terrenos antaño ocupado por templos hinduistas y jainistas. Su sucesor fue Iltutmish, del que veremos su tumba, inicia en este lugar el sultanato de Delhi en 1211, a él le se suceden varias dinastías, la última los Lodis, quienes fueran derrotados por el primer emperador mogol Babur en 1596, precisamente con él comenzaría una nueva etapa en la historia de Delhi y la India del Norte, “los mogoles”. Resumiendo, nos encontramos en la cuna de la India musulmana, en la primera capital del primer sultanato conocido como Mehrauli, nombre que a la postre heredaría el distrito y, en este complejo arqueológico declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, uno de los mejores del país, incluso más visitado que el Taj Mahal, ya lo entenderéis a la vuelta.

área Arqueológica de Qutb, diferentes períodos de construcción

Francisca, muy cansada se queda sentada en un banco nada más cruzar la puerta, va acumulando cansancio y la comprendo. Avanzamos escasos metros y ya hay que mirar al cielo fascinados por la presencia del enorme y bello minarete, al que acudimos como si fuésemos atraídos por un imán. Me separo del grupo para ir a mi aire realizando un recorrido desordenado acudiendo a lo más que me llama la atención y será así la secuencia que narraré.

el Qutb Minar recortado en el cielo

Aún recordaba las últimas palabras de Jimi, −el minarete Qutb Minar conocida como “Torre de la Victoria” tiene 72 metros y medio de altura y está considerada como la construcción más alta del mundo ejecutada en ladrillo, diez metros más alto que el afgano de Jam, fechado en la misma época y en el que dicen se inspira−. Lo primero que hice fui acercarme a su base, rodearla y apreciar el excelente trabajo de fábrica de ladrillo, la mayoría de un rojo similar a la arenisca, piezas de barro que han contemplado más de 800 años de historia, la delicadeza de las cuatro fajas decorativas talladas en el mismo material y en las que utilizando la caligrafía árabe recuerda, desde versículos del Corán hasta elogiar a sus constructores o datar las distintas reparaciones a los daños causados por los famosos rayos. Mirar hacia arriba era una sensación que me hacia empequeñecer, tuve que alejarme para que fuese yo el que la dominase y observarla en su totalidad. Su estructura es troncocónica lo que le confiere gran inercia y seguridad para su gran altura, son cinco los cuerpos en que la dividen fajas marcadas por preciosos balcones perimetrales apoyados en mocárabes tallados en el propio ladrillo; los tres inferiores tienen sección fasciculada, compuesta por 20 delgados fustes agrupados a modo de haz leñoso, en el tramo inferior se intercalan cilíndricos con aristas prismáticas, en el siguiente son únicamente columnitas cilíndricas y en el tercero sólo aristas, el resultado es una elegante y vibrante composición. Por último, destacar que los dos tramos superiores fueron construidos por Firuz Shah Tughlu casi dos siglos después, de ahí que expresan un estilo evolucionado, los fustes, aunque decorados aparentan desde la lejanía ser lisos, están ejecutados en mármol blanco, no sabría decir si combinado con arenisca roja o ladrillo.

Aún recordaba las últimas palabras de Jimi, −el minarete Qutb Minar conocida como “Torre de la Victoria” tiene 72 metros y medio de altura y está considerada como la construcción más alta del mundo ejecutada en ladrillo, diez metros más alto que el afgano

Para apuntar una reseña histórica del minarete prefiero simplemente recurrir lo aportado por el panel informativo del Servicio Arqueológico de la India que fotografié a la salida del recorrido, en una placa de arenisca roja que divisé en unos parterres de césped cercano y en la que rezaba:

 

The foundations of this world famous tower known as the Qutb Minar were laid by Qutbuddjn Aibak of the Manluk Dynasty towards the end of the twelfth century, the construction was interrupted at the first storey by his death and the remaining three storeys were completed in matching material and style by his successor Iltutmish commonly known as altamash in A. D. 1230 in A. D. 1368 the minar was damaged by lightning later, Firuz Shah Tughluq (A. D. 1351-88) replaced the top storey by the existing two storeys faced with marble Sikandar Lody (A. D. 1489-1517) also executed some repairs to the minar in A. D. 1503 when it was again injured by lightning. The tower has diameter of 14,32m. at the base and of about 2,75m. at the top with a height of 72,5m. and ascended by 379 steps, it is the highest stone tower in India and a perfect example of minar known to exist anywhere the variegated plan of its three lower storeys, the projecting balconies with stalactite pendentive brackets and ornate bands of inscriptions on its facades heighten its decorative effect.

 

Los cimientos de esta torre de fama mundial conocida como el Qutb Minar fueron puestos por Qutbuddjn Aibak de la dinastía Manluk hacia finales del siglo XII, la construcción fue interrumpida en el primer piso a su muerte y las tres plantas restantes se completaron con los materiales y el estilo de su sucesor Iltutmish comúnmente conocido como Altamash en el año 1230. En 1368 el Minar fue dañado por un rayo, Firuz Shah Tughluq (1351-1388) reemplazó la planta superior por las dos últimas plantas actuales de mármol. Sikandar Lody (1489-1517) también ejecuta algunas reparaciones en el Minar en el año 1503 cuando fue nuevamente dañado por un rayo. La torre tiene un diámetro de 14,32m en la base y aproximadamente, 2,75m en la parte superior su altura es de 72,5m que se suben por 379 escalones; es la torre más alta en piedra (será en ladrillo) de la India y un perfecto ejemplo de minarete, de los que se conocen. La decoración abigarrada de sus tres plantas inferiores, los balcones salientes sobre pechinas de mocárabes y las bandas ornamentales con inscripciones en sus fachadas realzan su efecto decorativo.

caligrafía persa en el Qutb Minar

Cuando preparaba el viaje tuve la ocasión de ver fotografías de los lugares que visitaríamos en Delhi, de ellos me llamó poderosamente la atención, tanto el minarete como la columna de hierro, a la que ya había visto de reojo mientras disfrutaba del enorme Qutb. Tenia decidido que a lo próximo que me acercaría seria a la columna, magnifica pieza de la tradición de los antiguos forjadores de hierro de la India y que ha llamado la atención tanto de arqueólogos como de metalúrgicos. A la indudable belleza de su factura se le añaden su cualidades técnicas, la alta resistencia a la corrosión, adjudicadas a una película pasiva exterior que le confieren el hidrógeno, fosfato, fósforo y óxidos de hierro no reducidos que la protegen de los efectos del clima local y la corrosión, la película cristalina, al parecer deriva de la ausencia de cal en los hornos de los antiguos forjadores indios.

columna de hierro y el minarete

El sol del mediodía le daba al color satinado de la fundición un aspecto de chocolate terrizo, de ese que se saca de la algarroba; me apoyé en las barandillas de un corralito que la protegen del manoseo de curiosos y observé como al empotrarse en el suelo su fuste emerge como un espárrago, la corona un capitel triple que tiene en la parte más baja un loto invertido y encima tres roscas que sostienen una pieza cuadrada, seguramente la pieza de anclaje de un mástil que imagino en su día enarbolaría algún tipo estandarte o bandera; en el tercio inferior de su fuste aparece una faja con inscripciones en Brahmi que han sido objeto de multitud de interpretaciones del origen de esta pieza, origen que también se ha buscado en la tradición metalúrgica india y en la similitud con otras columnas de este metal. La interpretación más plausible es la que la data su fabricación en el año 402 en las cuevas Udayagiri, cerca Vidisha en Madhya Pradesh como estandarte en honor a Vishnú, la inscripción menciona Visnupadagiri o “huella de Vishnú”, del que era fiel seguidor el rey Chandragupta II (380−413 dC), en el período de Gupta. Lo cierto es que fue Iltutmish quien al conquistar en el siglo XIII Vidisha se la trajo como trofeo a su capital y la colocó en el patio de la mezquita; otra interpretación de las escrituras indica que fue traída aquí mismo, a un templo de Vishnú levantado por el primer rey de Indraprastha Anangpal en el siglo X. Como datos técnicos indicar que tiene 7,21 metros de altura, su diámetro en la base es de 70 centímetros y 42 en la base del capitel que mide 1,07, se encuentra empotrada algo más de un metro en el suelo y que pesa más de seis toneladas.

inscripciones en brahmi en el fuste de la columna

Me encontraba en el patio de la mezquita Quwwat-ul-Islam, importante mezquita, la primera construida en la India, fue promovida por el primer sultán de Delhi, el mameluco Aibak, y levantada conjuntamente con el Qutb, su minarete. Paseaba descalzo por un templado empedrado de grandes losas de piedra caliza amarilla, me detenía y giraba dando un vistazo a mí alrededor, observaba las galerías de dos y tres vanos abiertas al patio, en las columnas y arquitrabes habían empleado piezas de los templos hindúes tal como nos mencionara Jimi al entrar, verdaderamente parecían mandapas; mirando hacia el Este tropezaba con una arcada de cinco vanos (cuatro, uno falta), arcos apuntados con una leve contra curva conopial en su punta, decorados con exquisita caligrafía árabe, motivos geométricos y florales tallados en la piedra; miré en mi Lonely para datar su procedencia, constituían la portada de la desaparecida nave en la que mirando al Oeste, como en la Jama Mashid de la Vieja Shahjahanabad, estaría el mihrab, recordándola echaba de menos el estanque de las abluciones; a la columna de hierro la acompañan dos conjuntos de piedra, lo que intuyo, por su tamaño, serían las tumbas de hijos de sultanes; miraba otros restos de galerías que asomaban detrás y no llegaba a entenderlos, me acerqué y pasee por el interior de la primera. Sus constructores eran obligados a utilizar en las columnas restos de los templos con el cuidado de que no apareciesen figuras humanas, pero alguna encontré, en la entrada incluso utilizaron una de sus falsas bóvedas de loto, está completa. El cierto desorden quedó aclarado cuando al salir, al bajar de la plataforma del patio por unas escaleras hacia unos jardines, topé con dos paneles informativos, en un plano se reflejaban los trazados de las tres mezquitas, duplican sucesivamente el tamaño con respecto de las precedentes: la primera, la de Aibak en naranja, está fechada entre 1191 y 1220; la de Iltutmish en ciano del 1210 a 1235 y la de Alauddin en marrón de 1295 a 1315; las tres compartirían el mihrab y el minarete, ya que el gigantesco Alai Minar que quiso levantar Alauddin al Norte de su gran patio para doblar la altura del Qutb fue abandonado a su muerte en la primera planta, cuando ya contaba 15 metros, lo cierto es que a él se debe para mi otro de los mejores monumentos del Complejo, la puerta principal de su mezquita, la Alai Darwaza de la que hablaré más adelante. En otro panel informativo del SAI que también fotografíé pude leer una breve pero concisa información sobre la mezquita:

 

Known as the Quwwatul-Islam (“Might of Islam”) Masjid, it is the earliest extant mosque in India. It consists of a rectangular courtyard 43,2 m. by 32,9 m., enclosed by cloisters which were erected by Qutbuddin Aibak with the carved columns and other architectural members of twenty-seven hindu and jain temples. The construction of mosque was begun in A.D. 1193 by Qutbuddin Aibak of the Mamluk dynasty and completed in A.D. 1197. A massive stone screen of lofty five arches was put up in front of its prayer-hall which imparted an islamic character to the building. The inscriptions and geometrical and arabesque designs, but the hand of craftsmen used to hindu motifs is nonetheless clear in naturalistic curved lines. Subsequently, the mosque was enlarged by two later rulers, Shamsuddin Iltutmish (A.D. 1211-36) and Alauddin Khalji (A.D. 1296-1316). The screens of these two sultans are carved with purely islamic motifs abounding in geometric patterns.

patio de la mezquita Quwwat-ul-Islam

Conocido como el Quwwatul-Islam Masjid (“Poder del Islam”) es la mezquita más antigua existente en la India. Se compone de un patio rectangular 43,20 x 32,90m rodeado por claustros que fueron erigidos por Qutbuddin Aibak con columnas talladas y otros elementos arquitectónicos procedentes de veintisiete templos hindúes y jainistas. Se inició su construcción en el año 1193 por Qutbuddin Aibak de la dinastía de los mamelucos que completó en el año 1197. Un grueso muro de piedra con cinco altos arcos se pusieron enfrentados a la sala de oración lo que confiere carácter islámico al edificio. Las inscripciones, dibujos geométricos y arabescos ejecutados por las manos de artesanos que utilizan motivos hindúes está claro en las líneas curvas naturales. Posteriormente, la mezquita fue ampliada por dos gobernantes posteriores, Shamsuddin Iltutmish (1211-1236) y Alauddin Khalji (1296-1316). Los muros de cierre realizados por estos dos sultanes están tallados con motivos puramente islámicos abundando los patrones geométricos.

 

No muy lejos veía el minarete inconcluso de Alauddin, tan imponente que era incapaz de imaginar lo enorme que habría sido. El aspecto rugoso del armazón de mampostería de piedra comienzo de su fuste y que seguramente habría de ser revestido, le confiere un aspecto romántico, de ruina, los huecos de una gran puerta y una ventana decoran su tez áspera. No tenía necesidad de acercarme más, pero pensé que quizás encontraría algún panel informativo y encaminé a su búsqueda.

minarete inconcluso de Alauddin

This unfinished minar, with its extant height of 24,5 meters, was commenced by Alauddin Khalji (A. D. 1296-1316) it had hardly reached its first storey when he died. He had conceived this minar to be double the height of the Qutb-minar, in order to be proportionate with the Quwwatul-Islam mosque, as extended by him.

 

Este minarete sin terminar, con una altura de 24,5 metros se comenzó por Alauddin Khalji (1296-1316) y apenas había alcanzado su primer piso cuando murió. Había concebido para que tuviese el doble de la altura del Qutb Minar con el fin de ser proporcional a la mezquita Quwwatul-Islam, proyectada por él.

tumba de Iltutmish

Me encontraba solo y aún me quedaba registrar la zona Este del complejo, revisé en la cámara el plano del recinto e identifiqué frente a mí lo que tenía que corresponder a la tumba de Iltutmish el segundo sultán de Delhi (1211-1236) fechada en 1235. Un magnifico cubo de 9x9 metros de base y unos 7 de altura de bella líneas persas ejecutado en piedra arenisca amarilla, dispone de cuatro vanos de entrada con dobles arcos apuntados cuajados de caligrafía, dibujos florales y geométricos en rojo, en el interior un único espacio presidido por una tumba sobre un doble pedestal de inmaculado mármol blanco orientado N-S, ha perdido la cubierta que tuvo que ser una bóveda por las cuatro pechinas escondidas en sendos arcos apuntados y que sostienen un sutil entablamento de doce lados, base de la desaparecida cúpula. El hueco del lateral Este esta cerrado con un mihrab blanco flanqueado por dos hornacinas menores en rojo. La fachada es conocida por su ornamentada talla, tanto en la entrada y paredes interiores. La tradición traída por los constructores afganos deja en su interior un rico repertorio de piedra tallada con toda la iconografía islámica imaginable.

base de la desaparecida cúpula de la tumba de Iltutmish

Después de un buen rato embelesado observando arquitectura digna de los mejores alarifes de oriente, tocaba continuar. Siguiendo la dirección Sur y después de atravesar restos de arcadas derruidas de gruesos muros de lo que parece fueron los restos de una madraza aledaña a la mezquita llegué a la tumba del siguiente sultán, la tumba de Alauddin, aunque la fecha de su construcción es posterior, hacia 1316 sus restos se encuentran bastante desdibujados, así que inicié el regreso.

restos desdibujados del Complejo de Qutb

Aún me quedaba otra de las joyas del complejo, la Alai Darwaza, está considerada como el primer y más importante edificio de la arquitectura islámica en la India, construida bajo el importante sultanato de Delhi. La pregunta que tanto veces me he hecho acerca de ¿cuando se utilizó por primera vez la combinación del arco, bóveda y cúpula en la tradición constructiva india?, eminentemente arquitrábica, ha sido tanto el tiempo queriendo saber el origen de la aparición del arco en la India, cuando por fin lo encuentro: lo que trajeron los musulmanes afganos, es la herencia dejada por la arquitectura persa y, aunque las crónicas le dan todos los honores a esta “Puerta” y por ende a Alaudiin, pienso que seria más certero adjudicarlas a la tumba de Iltutmish, y esa fecha crucial, principios del siglo XIII. Pienso que se empleo el sistema de descarga del arco bastante tarde, en comparación con Occidente, donde las grandes bóvedas se conocieron muchísimo tiempo antes: el Panteón de Agripa en Roma, siglo II de nuestra era o, Santa Sofía en Estambul en el VI. Pero regresemos a nuestra narración y lo que aporta el panel informativo del Servicio de Arqueología.

la Puerta Alai Darwaza

Described as one the most treasured gems of islamic architecture . the alai Darwaza built by Alauddin Khalji A. D. 1311-15 a gateway which formed the main access through the southern wall to the enlarged Quwwatul Islam mosque. It is the first building employing wholly islamic principles of arcuate construction and geometric ornamentation. It also betrays certain sal juqian features in the form of its wide and bulging dome with a central knob pointed horseshoe-shaped arches and squinches and the lotus bud fringed embellishment on the underside of the arches. Its fine proportions, profuse carvings on the exterior. Inscriptional bands of white marble in bold nask characters and other decorative details in red stone make it an unique structure. The geometrical decoration on its interior is reminiscent of delicate timber ornamentation.

 

Descrita como una las joyas más preciadas de la arquitectura islámica, la alai Darwaza fue construida por Alauddin Khalji en 1311-1315 como puerta y acceso principal a la ampliada mezquita Quwwatul Islam en la cara Sur. Es el primer edificio que utiliza los principios islámicos en la totalidad de su construcción en arcos y ornamentación geométrica. También revela ciertas características, cúpula ancha en forma de saltones de juquian sal y con un grupo central de arcos apuntados, trompas en forma de herradura y adornos con flecos de capullo de loto en la parte inferior de los arcos. Bellas proporciones profusas esculturas en el exterior, bandas con inscripciones en audaces caracteres naskh en mármol blanco y otros detalles decorativos en piedra roja la hacen una estructura única. La decoración geométrica en su interior es una reminiscencia de la delicada ornamentación en madera.

pechina interior de la bóveda de Alai Darwaza

Que construcción más potente, que delicadeza la decoración en fajas blancas y rojas de sus paramentos que ascienden hacia la cúpula blanca con su pequeño llamuz perdido en el azul del firmamento; esos gruesos muros perforados por exquisitos espacios secundarios que miran al exterior a través de sutiles jalis, la piel roja de roscas de ladrillo de la gran bóveda roja flotando sobre las pechinas de sucesivos arcos de herradura haciendo gala de la novedosa tradición persa traída de oriente. La transición a la que quiso ser la gran mezquita de Alauddin y el no menor y esplendoroso Alai Minar que no pudieron ser, nos dejaron este hito en la arquitectura de los gloriosos sultanes de la dinastías de Chauhan, Ghurid, Mamelucos, Manluk o Slave del Sultanato de Delhi.

 

Me alejaba del lugar como en otras tantas ocasiones mirando hacia atrás, dándole un último vistazo al gran Qutb Minar, perdiendo entre las gentes la Darwaza y una pequeña mezquita que la oculta, iba al reencuentro con mis compañeros y Francisca, imaginando que por lo menos hubiese disfrutado del trasiego de las gentes. De regreso al bus, le contaba mis impresiones sobre el Complejo y el sorprendente del gran minarete, me comentó que también lo había visto, aunque a lo lejos, se había asomado. Retomábamos la marcha, nos dirigíamos ahora al mausoleo de Humayún, la ultima visita del programa previsto, aún quedaba la tarde, el que quisiera y tuviese ganas, por su cuenta podría darse una vuelta por la Vieja o Nueva Delhi.

última mirada hacia el Cutub Minar

Mediodía, cerca de la una, el calor apretaba y los chorros del aire acondicionado en la media hora que tardo nuestro conductor en recorrer los 12 kilómetros que separaban Qutb del Mausoleo fueron de agradecer. Deshacíamos el camino, por Sri Aurobindo Marg regresábamos a los alrededores de Shahjahanabad, girábamos a la derecha por Lodhi Rd hasta la glorieta de Sabz Burj que preside la pequeña tumba del santón Sufi Nizamuddin, en el cruce con Mathura Rd, en cuyas proximidades quedo aparcado nuestro bus.

 

En el trayecto y a petición de Marco, Jimi tomó nuevamente la palabra para aportar algunos trazos de la historia de su ciudad centrados en la figura del que fuera el segundo gran emperador mogol Humayún (1508-1556), el hijo del primero de los grandes mogoles Babor. Comenzó realzando la importancia de su legado en el establecimiento de Delhi como capital del imperio, en la antigua Indraprastha, donde gobernó desde 1530 hasta 1540, año en que fue expulsado por el pashtún Sher Shah Suri, del que se desquitará venciéndole al final de su vida, para reestablecer de nuevo la capital en 1533. Era de agradecer su perfecto castellano cuando desglosaba unos trazos de la historia siempre complejos: «Cuando muere es enterrado por su hijo el gran Akbar en el Purana Quila, su palacio. Será le tenacidad de su esposa Bega Begum quien después de realizar la peregrinación a la Meca, el “hajj”, se dedicó en cuerpo y alma en la construcción de un gran mausoleo que honrase la memoria de su querido esposo, afirmando −tiene que ser la mejor construcción de todo el Imperio−. Para su trazado contrató al afamado arquitecto persa Mirak Mirza Ghiyas». Aunque apostillaba que sobre la tumba de Humayún ya nos aportaría más información en el propio complejo, quería terminar significando que ya sabia que habíamos estado en el Taj Mahal, y que por supuesto es uno de los monumentos mas importantes, no sólo de su tierra, sino del mundo entero, pero que fue esta obra la que inicio el camino de una tradición heredada de la persa, que posiblemente encuentre su cenit en el Taj. Para terminar nos indicó que son dos circunstancias las que hacen único su diseño y que lo diferencian del resto: por una parte es rojo, color que le da el uso masivo de la caliza y por otra, su jardín fue el primero que se realiza siguiendo la idea persa del paraíso, rodeando al Mausoleo, ya evolucionará más tarde para presidirlo. Se hinchaba como un pavo alardeando de las muchas cosas que nos podría contar, pero no quería cansarnos. Sobre su dicción, nos comento que había estado en España en varias ocasiones para perfeccionar nuestro idioma, herramienta fundamental en su trabajo (ya me encargaría de regreso al hotel de sacarle sus impresiones sobre nuestra tierra), pero −¡continúa, cuéntanos algo más!−.

la Tumba de Humayún

«Cuando lleguemos os sorprenderéis por su majestuosidad, su soberbio dominio del espacio circundante y los bellos jardines del paraíso, sois afortunados». Pero la historia siempre presenta lados oscuros y en este caso corresponde a dos periodos críticos y de abandono que ha sufrido el monumento. El primero sobrevino cuando Akbar, hijo de Humayún dejó la capital en favor de Agra y, aunque los mogoles volviesen con Shah Jahan ya no sería lo mismo, todo ello supuso el deterioro paulatino del mausoleo y el abandono de los jardines, tanto que se cuenta que en el dieciocho estuvieron dedicados a huertos. Cuando llegaron los ingleses, se le hicieron algunas dudosas reparaciones, resembraron los jardines al gusto anglosajón, césped como no; además de reforzar la cúpula exterior recargándola con una torta de hormigón. A principios del XX se realizaron algunas restauraciones más afortunadas, entre ellas, se recuperaría el bagh. La segunda etapa de deterioro la sufrió el complejo a raíz de la Independencia del país, cuando el Mausoleo y Fuerte Rojo fueron utilizados para acoger a los refugiados que llegaban del Punjab, aquellas familias que no quisieron quedarse en los nuevos territorios paquistaníes; la ocupación duro cinco años y el deterioro fue generalizado, tanto que cuando quedó vacío incluso se tapiaron los accesos para evitar daños mayores. Al final del pasado siglo por fin se inician seriamente los trabajos de recuperación, recaen en el Servicio Arqueológico de la India, el encargado de la conservación de la mayor parte del patrimonio del país. El gran impulso llegaría en 1993 cuando es declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, máxime cuando entra a colaborar con el SAI, la Fundación Aga Khan, aportando fondos. En el año 2003 queda impecablemente restaurado, incluyendo todos los sistemas hídricos del histórico bagh.

plano del complejo de Humayún

Unos quinientos metros separan la glorieta Sabz Burj del pabellón de entrada al complejo, un agradable paseo por una zona arbolada en la que destacan al final dos elegantes alineaciones de palmeras cocoteras. A nuestra derecha dejamos el mausoleo de Isa Khan, Jimi ya nos avisó de que era una pena llegar desde tan lejos a Delhi y encontrarlo cerrado, la causa, las obras de restauración generales a que está siendo sometido, ¿habrá una próxima ocasión? quien sabe. Poco antes de llegar cruzamos un edificio-puerta, una pequeña construcción cuadrada de unos 12 metros de lado y dos plantas de color crema claro, el eje de ingreso queda marcado por dos arcos apuntados con muy poco peralte, me traía a la memoria la Casa del Tambor, aquellos edificios de las ciudades reales mogoles destinados a recibir a los huéspedes y al sequito real, en el Fuerte Rojo y en Fatehpur Sikri, aunque aquí no alcanzó bien a entender si se trata de la misma construcción o no. A ambos lados arrancan dos muros no muy altos, separaban claramente exterior de interior, al cruzarla se percibía el inicio de un camino ceremonial de entrada al mausoleo, al frente si aparecía la verdadera puerta, la Puerta del Paraíso, aquel chabarbah donde Begún quiso que residieran los restos mortales de su esposo.

puerta Oeste de acceso al Complejo de Humayún, foto de Toño Gómez

Nos encontrábamos frente a la Puerta Oeste, una pieza arquitectónica muy depurada en comparación a otros modelos más clasicistas ya vistos, la fachada de dos plantas es poligonal, se sitúa sobre un entablamento de un metro creando un ámbito de entrada semi hexagonal muy del gusto barroco, destaca la ausencia de cúpula alguna sobresaliendo sobre la cornisa de la cubierta, tan solo dos chatris de planta cuadrada en las esquinas; en su paramentos predomina la caliza amarilla que contrasta con la ornamentación de sus dobles huecos en cada lado mediante unas fajas en las aristas y en el pretil de la azotea, este último la decorado con una secuencia de lotos en bajo relieve en caliza roja; los huecos exteriores están resueltos con dos hornacinas de medias cúpulas apuntadas superpuestas, el central de doble altura, cubiertos con una estrecha bóveda apuntada de poco peralte, en su interior aparece un doble orden de huecos similares por planta y coincidentes con los de la fachada posterior. Actualmente el interior está ocupado por el control de acceso (tickets) complementado con dos espacios expositivos en los que puede extraer suficiente información sobre los jardines, el mausoleo y las obras de restauración realizadas en sus paneles.

el camino en el Paraíso a la tumba de Humayún

Al salir al jardín al fondo del “khiyabans” o camino central aparecía el gran mausoleo rojo, la acequia sólo interrumpida en su centro por un estanque cuadrado a ras del suelo marcando el cruce con dos caminos secundarios era la línea maestra que nos marcaba el camino a seguir. La consolidada arboleda emerge sobre tapices de césped para ser encerradas por bordes rectilíneos de setos de arrayán, los perímetros de las parcelas cuadradas del paraíso tan añorado por los persas. Los pasillos centrales arrancan en las puertas que calan los muros de cierre, la principal al Sur y otra más pequeña en el muro occidental. Quizás sea este el momento propicio de recordar la revista “Secuencias” y su número dedicado a los jardines, “Jardines 1” (equipo de redacción A. Fontes, Sancho Ruiz y A. F. Echaniz) a la que ya acudí al comienzo del viaje cuando describía los jardines del Taj Mahal, contiene acertadas descripciones y planos de J. Lehnman, ahora prefiero transcribir sus textos:

 

En la India penetró el islamismo en el siglo XI. Los invasores mogoles en franca minoría debían confiar sus trabajos artísticos en manos de los sojuzgados. El arte hindú estaba concebido en torno al templo, con su multiplicidad de dioses y de representaciones, pabellones, etc., (libertad anímica hindú). Los mogoles aprovecharon esa variedad y sus jardines la muestran tras una similitud superficial. Hay un entronque de las dos tendencias; la una proveniente del desierto, fácilmente esquemática, la otra acostumbrada a una naturaleza «excesiva». El plano se representa en cuadro dividido por canales que se cruzan. Las ciudades de Agra y Delhi fueron los principales centros del arte musulmán en la India. Con los mogoles el jardín islámico llega a su cumbre, teniendo un fuerte componente arquitectónico y clara influencia del paraíso «persa». Con Babur comienza el desarrollo de la disposición abierta y el carácter arquitectónico tan típico del jardín mogol. Había tres tipos: Los patios de los palacios, los jardines alrededor de los mausoleos, los «char baghs» o jardines paraíso. El esquema para el de los mausoleos era un gran recinto cuadrado dividido con precisión geométrica, a imagen del universo ordenado. En el centro la tumba se levantaba como una montaña cósmica sobre los cuatro ríos representados por canales. El de los jardines paraíso era un paralelogramo con cuatro lados en cada terraza. El agua dominaba todos los jardines, el núcleo de los «char baghs» era un canal central. Las terrazas de los jardines podían ser tres, siete, ocho o doce. Se accedía por la terraza inferior y el foco era un pabellón. Los canales seguían estricta planificación rectilínea. Muros altos la protegían de los vientos. Dentro de los jardines mausoleo, «la Tumba de Humayún» es el más antiguo de la India (1508-56). Es un juego reiterado de espacios cuadrangulares, donde los setos alternan con los canales y las acequias para delimitar la superficie. Cerrado en los cuatro lados, en cada uno una puerta. Dividido en cuatro grandes secciones por los caminos que conducen a la tumba central. Otros caminos secundarios dividen el jardín en un total de 32 cuadrados menores. Análoga descripción puede hacerse de «la Tumba de Akbar» (1542-1605) hijo del anterior.

Axonométrica del Complejo de Humayún

Nos acercábamos al mausoleo, y aunque sea reiterativo en la aportación de textos extraídos de otras fuentes, con independencia de mis apreciaciones personales creo que también merece la pena transcribir el panel informativo que en una placa de caliza roja rezaba:

 

Humayun’s Tomb 1565-72 A D. · Hamida Banu Begur, his grieving widow, built Emperador Humayun’s mausoleum, Precursor to the Taj Mahal, it a platform of 12000m2 and reaches a height of 47m. The earliest example of Persian influence in Indian architecture, the tomb has within it over 100 graves, earning it the name “Dormitory of the Mughals”. Built of rubble masonry, the structure is the first to use red sandstone and white marble in such great quantities. The small canopies on the terrace were originally covered in glazed blue tiles, and the brass finial over the white marble dome itself 6m high.

 

Tumba de Humayun 1565-1572 dC. · Hamida Banu Begur, su afligida viuda, construyó el mausoleo del Emperador Humayun, precursor del Taj Mahal. Es una plataforma de 12.000m2 y alcanza una altura de 47m. Es el primer ejemplo de la influencia persa en la arquitectura india, el mausoleo tiene en su interior más de 100 tumbas, ganándose el nombre de “dormitorio de los mogoles”. Construida en mampostería, su estructura es la primera en utilizar la piedra arenisca roja y el mármol blanco en tan grandes cantidades. Los pequeños pabellones de la terraza estaban originalmente cubiertos con azulejos esmaltados en azul, el remate de bronce sobre la gran cúpula de mármol blanco tiene 6m de altura.

foto aérea de la tumba de Humayún

A la tumba que se encuentra sobre un gran entablamento que ocupa los cuatro de los 36 parterres centrales del jardín se accede por cuatro escaleras escamoteadas en el basamento, en los huecos centrales de cada fachada; éstas se componen con arcadas de 19 vanos, los extremos achaflanados enlazan sutilmente las fachadas contiguas; destaca el blanco de los huecos resueltos con pequeños iwan en cuyo fondo aparece una puerta y una ventana en la planta superior. El rojo de los paramentos es reiterativamente decorado con cenefas geométricas ejecutadas en mármol blanco. Tocaba ya acceder.

 

Al encontrarse el mausoleo en el centro del jardín, su proximidad es lo primero que llama la atención, siempre recordando el Taj Mahall aún en nuestras retinas, y aunque a veces sean odiosas las comparaciones son necesarias para entender como se avanzó de un modelo al otro. El camino aquí es terrizo, pienso que de caliza triturada, la mejor solución para absorber y evacuar las aguas llovedizas, contrasta con los pavimentos de calizas amarillas y rojas y mármoles del Taj; la fuente lineal del de Agra con sus surtidores y sus más de tres metros de ancha seguro que tienen su origen en esta delgada acequia de ladrillo de no más de 50 centímetros; también el estanque en el centro de los primeros cuatro parterres es distinto, aquí se encuentran a ras de suelo, únicamente la lámina de agua cuadrada marca el cruce de caminos, que diferente a aquella imponente alberca conocida como el “Hawd al-Kawthar” o “tanque de la Abundancia” de mármol blanco en la que recordaba a tantos turistas retratándose frente al mausoleo de la Mumtaz. Es un contraste como el que podemos observar entre el Renacimiento y el Barroco occidentales, pese a que el segundo es el más admirado por los legos, prefiero la serenidad y racionalidad de este jardín primigenio.

terraza del Mausoleo sobre el edificio pedestal

Obviamente el recorrido al ser más corto carece de ese aspecto ceremonial que confiere el acercamiento, en escasos minutos nos encontrábamos frente al basamento. El edificio pedestal a su vez se levanta un metro sobre los jardines, según Jimi, esta elevación oculta escombros, al parecer utilizados para fijar los terrenos de aluvión, influencia de la cercanía del Yamuna, recurso posteriormente seguido en la construcción del Taj. No obstante, habíamos tenido tiempo suficiente en ese pequeño trayecto para admirar como la silueta de tan delicada pieza arquitectónica se agigantaba, percibiendo con claridad como se ribetean los huecos con elegantes bandas blancas, decoradas fajas repletas de dibujos geométricos tan del gusto persa, en un fondo dominante rojo; en el azul del cielo se recortan las finas guldastas, los chatris y la enorme cúpula acebollada, todos en mármol blanco; echaba de menos los enormes minaretes blancos en las esquinas del Taj. Accedimos por la escalera encajonada a su cubierta, una gran plaza pavimentada con grandes baldosas rojas y en cuyo borde aparece una balaustrada calada del mismo color que se recorta con el verde de las copas de los árboles, a nuestra derecha se encontraban un grupito de tumbas, sarcófagos blancos orientados N-S sobre pequeños entablamentos del mismo color, el guía local que nos acompañaba allá arriba nos comentaba, «no es sólo por éstas exteriores, el mausoleo es casi un cementerio dada la gran multitud de tumbas que alberga, se cuentan más de 100 en todo el complejo, siempre fue un honor que los restos de cualquier personaje que se preciara de ello fuesen depositados aquí, a esas hay que sumar un buen número en el interior del mausoleo, a Humayún, su esposa e hijos se le unieron otros miembros más lejanos de su familia, e incluso hay que añadir a algunos de aquellos emperadores menores que creyeron gobernar la India siglos más tarde».

vista parcial de la tumba de Humayún desde la terraza superior

Desde la lejanía podíamos contemplar todo lo que ocurría en la cubierta, es plana y sobre ella aparecen, dicen que por primera vez, los chatris, este singular elemento estilístico proveniente del Rajastán y que en tantas ocasiones hemos visto en el viaje; cuatro son octogonales, marcan las salas secundarias, dos de planta cuadrada aparecen en cada una de las esquinas superiores de los cuerpos-puerta, a unos dos o tres metros más arriba, flanqueados por esbeltas guldastas blancas, las mismas que enmarcan todos los chaflanes de la fachada; en el centro, sobre un tambor de unos 5 metros de altura decorado con estrellas de David de seis puntas amarillas sobre fondo rojo se apoya la elegante bóveda acebollada blanca de doble hoja revestida de impoluto mármol, también se le vuelve a dar el calificativo de “la primera”.

Planta del Mausoleo Humayún

Antes de entrar me gustaría compartir el hallazgo. Después de mucho rastrear la red tropecé con la página Premoderno, la arquitectura anterior al Movimiento Moderno en sus plantas, entre sus fondos, el Mausoleo de Humayún. De aparente y obsesiva simetría recuerda, los trazados fractales de las teorías de Mandelbrot. Sobre sus ejes cartesianos principales y secundarios se esconden matices que pasan casi desapercibidos en la visita. El acceso principal sin duda se realiza por la fachada Oeste, quizás la salida la otra comunicación con el exterior fuese en la cara Sur, sensiblemente distinta, las dos únicas conexiones con el interior. Otra de las diferencias que pude observar en el trazado de la planta es la sala abovedada que se sitúa previa a la salida por el Sur y que una vez dentro cuando se pasa de una sala a otra, y otra, todas concatenadas, este matiz es prácticamente inapreciable. Es un prisma de base cuadrada de algo más de 50 metros y de unos 12 de altura; los chaflanes de las esquinas son simétricos a los ejes cartesianos secundarios definidos por las cuatro salas abovedadas correspondientes, sus fachadas están compuestas por un orden doble de huecos de unos 6 metros, en la que vuelven a destacar en los chaflanes y central, en el interior de un arco apuntado de poco peralte que recoge ambas plantas; estos cuatro cuerpos enmarcan los ejes principales del edificio, materializados en las portadas. Es posible que encontremos aquí los antecedentes del “Iwan”; la puerta queda enmarcada por un ancho vano rematado por un arco apuntado que recoge el doble orden de huecos, en un pishtaq de fondo amarillo que luce en ambas esquinas superiores sendas estrellas de David; tras él una fachada poligonal convexa rematada por media cúpula de aristas, como un iwan retranqueado. Las portadas Este y Norte son idénticas, aunque no practicables, las puertas han sido sustituidas por intrincados jalis de mármol blanco. La portada Sur, a la que he calificado como salida, es diferente, ha perdido el iwan interior tal como podemos comprobar en la planta y en la fotografía aérea.

arranque de la bóveda de la sala central del Mausoleo

La única puerta abierta del acceso principal Oeste es la central, así que directamente pasamos a la sala principal, el espacio mayor interior, justo en el epicentro, en el origen de coordenadas y bajo la doble cáscara acebollada. Es un recinto octogonal sobre el que apoya la cúpula de 15 metros de diámetro en sendas pechinas de aristas rojas que saliendo de cada vértice terminan por trazar una bella semi esfera blanca; los planos del prisma se dividen en tres plantas, en los paramentos blancos las cenefas y pishtaq dibujan en rojo los huecos; ocho en la corona superior, protegidos por jalis dejan entrar una luz cenital tamizada que lo inunda todo, −al recordar la foto aérea, la busco en mi cámara y observo que en el tambor exterior, apoyo de la bóveda, únicamente existen unas pequeñas puertas para el registro de la azotea, ¿cual es la fuente de esa luz?−. En el suelo y sobre una alfombra pétrea de dibujos geométricos blancos y negros suavemente se deposita el cenotafio vacío que homenajea al 2º emperador Mogol Humayún. Jimi vuelve a tomar la palabra «este tipo de salas octogonales abovedadas se llaman “hujra”, el sarcófago se encuentra orientado N-S, según los preceptos coránicos, la cabeza al Norte, en el lado Este mirando hacia La Meca encontramos lo que pudiera ser interpretado como un simbólico mihrab ejecutado con mármol a modo de jali o celosía; como seguramente habréis visto en otros mausoleos, aquí no se encuentra el Sura 24 del Corán, sutilmente se dice que la luz de esta singular qibla llega de La Meca». Antes de salir nos recordó que el sarcófago que veíamos estaba vacío, el que contiene los restos se encuentra en una cámara bajo esta sala, a la que se accede por una escalera oculta en un pasaje, y aunque está en el corazón del edificio pedestal tampoco se comunica con sus bordes.

la sala central del Mausoleo de Humayún

El recorrido interior accesible a los visitantes esta limitado a unas escasas salas, nos acercamos a la que se encuentra en la esquina Suroeste, en su centro se encuentran tres tumbas al parecer de una de sus esposas, de un hijo y un hermano del emperador (datos no muy precisos ya que no contienen inscripciones que permitan la identificación de sus restos). Está cámara es una de las cinco que rodean a la principal y su tamaño es la mitad de la principal, su cúpula tiene 7,5 metros de diámetro y se apoya en ocho lados subdividido en dos plantas, la estructura compositiva de sus paramentos es similar a la principal. Una lástima que no nos pudiésemos haber movido libremente por este conjunto poliédrico de cámaras concatenadas de las que se cuentan hasta un total de 124 entre las dos plantas y que permiten la circunvalación de la principal, tan del gusto sufí, símil del paraíso islámico. Seguro que es una gozada y privilegio de pocos subir a las salas de la planta alta y asomarse al interior, incluso visitar las cubiertas.

tumba de familiares de Humayun

Salimos por la puerta Sur dando un paseo por la terraza (en la fachada Norte hay unos grandes andamios). En el borde de la terraza que mira al Yamuna se encontraba en guía local con algunos compañeros, nos acercamos a escucharle desde este lugar privilegiado donde podíamos observar el rigor geométrico del jardín, las parcelas que se subdividen y se multiplican, la atomización y obsesiva simetría que percibíamos en el edificio también se utilizó en el trazado del Bagh, nuevamente me recordaba las teorías de Mandelbrot. Las rectas acequias centrales parecían clavarse, ocultándose bajo el edificio para salir por el otro extremo opuesto, Jimi nos apostilló que el Corán narra que los ríos cruzan “bajo” el Paraíso; la vegetación y su crecimiento aparentemente desordenado era lo único que daba al conjunto cierto dinamismo.

desde la terraza del Mausoleo hacia la Puerta Sur

Cuando el guía nos señaló una pequeña edificación que se encontraba en la esquina Sureste del Bagh, le dije −aquella es la tumba del barbero, ¡no!−, quedando un tanto sorprendido de que un forastero conociese aquel detalle, nos regaló con unas pequeñas pinceladas del pequeño y elegante mausoleo amarillo y rojo del barbero real favorito del emperador y que se conoce como Nai-ka-Gumbad o la Tumba del barbero, la única estructura ajena al mausoleo que se encuentra en el chabarbah: «fijaros, tuvo que ser un personaje importante en la corte para ser enterrado en tan importante lugar y con su propio edificio funerario apostillaba, por una inscripción fechada en 1590 en uno de sus zócalos interiores se sabe que fue barbero; no fue hasta muchísimo más tarde cuando se alumbraron algunos datos sobre este misterioso personaje, a principios del siglo XIX se descubrió en una acuarela pintada por un viajero inglés en 1820 la frase “Maqbarah-i-Kokah o la tumba de Kokah”, el hermano adoptivo o de leche de Humayún, no es mucho más, pero hasta ahora es lo que se sabe». En relación a ésta pequeña construcción, sus dimensiones, 12x12 metros, planta cuadrada con esquinas romas y que alberga una única cámara cubierta con doble cúpula para acoger dos tumbas, cuatro chatris rematan las esquinas de su cubierta.

 

Llegó Marco, hacía rato que no lo veíamos, y como no, nos solicitaba que iniciásemos la vuelta. Tantos días de viaje, tantos monumentos visitados, hoy el último, en cualquier otra ocasión habría pedido acercarnos al pequeño Mausoleo del Barbero, pero la saturación llegaba a extremos elevados. Dócilmente seguía al grupo deseando llegar al autobús, restregando la mano por la crin de arrayanes del borde del camino principal y oliendo su fragancia, quizás el último recuerdo del Bagh de Humayún, contemplaba la trasera de la Puerta Oeste que cruzaríamos para deshacer el camino.

desde la terraza del Mausoleo hacia la Puerta Oeste

Nada más atravesar la puerta Jimi llamó nuestra atención, nos indicó que nos acercáramos a la izquierda, accedimos a un pequeño jardín, al fondo se encontraban la mezquita y tumba de Afsar Wala, la única información que nos ofreció fue que ambas fueron construidas en honor de uno de los grandes oficiales de la corte del emperador mogol Humayún. Se trata de dos edificaciones independientes, ambas de mampostería, la mezquita de planta rectangular se compone de tres espacios abovedados, aunque únicamente la cúpula bulbosa de grandes dimensiones que cubre el central se asoma sobre las cubiertas. A escasos metros se encuentra un pequeño mausoleo de una única sala, también su bóveda asoma; ambas se elevan sobre un prisma octogonal, ennegrecido como sus construcciones, pero no importa mucho este aparente aspecto de abandono. Nos acercamos a ellas cruzando la pradera de césped partida en dos por el camino que precedía la explanada pavimentada, antesala de la mezquina. Al entrar, dos hombres que barrían el suelo, al detectar nuestra presencia nos invitaron a marcharnos; era jueves 18 de octubre, preparaban el interior del templo para la Oración del Viernes. No obstante, antes de salir pude hacer una foto precipitadamente.

tumba y mezquita de Afsarwalia

Cruzábamos de nuevo el edificio puerta y la alineación de cocoteros, a la izquierda, casi contiguo con la mezquita volvíamos a pasar por el Mausoleo de Isa Khan, ya sabíamos que no podríamos acceder a la tumba del aquel noble afgano que al servicio de Sher Shah Suri logró expulsar al mogol Humayún de Delhi. Cuando menos me acerqué a la puerta, en un cartel de obras, y otro, como los de siempre, una breve historia del monumento. Desplazándome a uno de los laterales pude por lo menos traerme el recuerdo de una fotografía de sus cubiertas, nuevamente me consuelo con que seguramente habrá una nueva oportunidad. La primera traducción que acompaño corresponde al texto contenido en el panel de arenisca roja, la segunda a la publicidad institucional del Servicio Arqueológico de la India, encargado de las obras de restauración.

lo poco que vimos de la tumba de Isa Khan

Isa Kahn Tomb Enclosure. 1547 A.D. · Isa Kahn Niyazi was a noble in the court of Sher Shah Sur. This enclosure includes his tomb and a mosque, both built during his  own lifetime. The octogonal tomb, pre dating Humayun´s Tomb by only 20 years, has striking ornamentation in the form of canopies, glazed tiles, and lattice screens. Along the western side of the enclosure, the three-bay-wide mosque has a grand red sandstone central bay and striking mihrabs. Until the early 20th century , an entire village had been settled in the enclosure.

 

Isa Kahn Tumba del recinto, 1547. · Isa Khan Niyazi era un noble de la corte de Sher Shah Sur. Este recinto incluye su tumba y una mezquita, ambos construidos durante su vida. La tumba octogonal, se data previa a la de Humayun por tan sólo 20 años; sorprende por la ornamentación en forma de pabellones, azulejos y celosías. A lo largo del lado oeste del recinto, la mezquita de tres vanos tiene una gran nave central de arenisca roja y un llamativo mihrab. Hasta principios del siglo 20, el pueblo no conocía el recinto.

cartel de las obras de la tumba de Isa Khan

Isa Kahn´s Tomb pre-dates Humayun´s Tomb by two decades and is the culmination of an architectural style used for royal tombs in Delhi during the Sayyid and Loddi dynasties from the early 15 th to the early 16 th centuries. It is the only surviving octogonal enclosed tomb complex with walls, mosque and gateway intact. Physical work at the site commenced in January 2011 following extensive documentation, including 3D high-definition surveying, condition, assessment, archival research, and a peer review of the conservation plan. And enormous amount of work was required to remove some 325.000 cubic feet of earth from the site in order to restore the landscape to its original level while being careful not to destroy any archaeology. Conservation and Landscape works carried out with due care of authenticity of material and building tradition will restore the integrity of the Humayun´s Tomb World Heritage Site.

 

La tumba de Isa Khan, dos décadas anterior a la de Humayún supone la culminación del estilo arquitectónico utilizado en las tumbas reales construidas en Delhi durante las dinastías Sayyid y Loddi desde principios del siglo 15 a comienzos del 16. Es el único complejo funerario octogonal, con mezquita y puerta de acceso cerrado entre muros que queda intacto. Los trabajos de restauración comenzaron en enero de 2011 después de una amplia labor de documentación que incluyó modelos en 3D de alta definición, investigación en los archivos y la revisión y evaluación de planes de conservación. Se requirió una enorme cantidad de trabajo para eliminar unos 325.000 pies cúbicos de tierra (10.000m3) del lugar con el fin de restaurar el paisaje a su cota original, con sumo cuidado de no destruir restos arqueológicos. Las obras de conservación y paisajismo fueron llevadas a cabo con máximo respeto y cuidado, con las técnicas constructivas de la época, con el fin de restaurar íntegramente la Tumba de Humayún, Patrimonio de la Humanidad.

puerta principal de acceso a la tumba de Isa Khan

Volvíamos al autobús, nos esperaba en los jardines próximos a la glorieta Sabz Burj, ¿se repetía por última vez el recuento?; solicitamos al conductor pusiese a toda marcha el aire acondicionado, eran más de las dos de la tarde, el sol intenso nos acompañaba sin dejarnos tregua desde que dejamos Old Delhi Junction. Marco nos anunciaba que habíamos realizado la última visita del “Programa de Amar Viajes”, nos dirigiríamos al hotel a dejar los equipajes y que para la tarde, Jimi se ponía a nuestra disposición por si alguien quisiese ir a algún sitio en particular, incluso que nos podía recomendar buenas tiendas, de ropa, joyería, libros, recuerdos, etc. Cogíamos por Lodhi Rd, girábamos a la izquierda, hacia el Sur por Mathura Rd continuando por Lala Lajpat Rai Rd y Josip Broz Tito Marg girando ahora a la derecha por Press Enclave Marg y nuevamente por Saket Mandir Rd para cerca de las tres llegar por fin al Silver Ferns Hotel, en el distrito de Malvilla Nagar, al Sureste, cerca del distrito de Mehrauli, donde hacia escasas horas habíamos estado visitando el Qutb Minar.

 

En el trayecto empleamos algo más de media hora, fue entonces cuando mantuvimos una curiosa conversación con el guía local, la que inevitablemente le valió el apodo del fascista. Durante el viaje hemos intercambiado las posiciones de los asientos en el bus, los delanteros son más cómodos, aunque detrás se suele estar más desahogado al quedar números libres lo que invita incluso a tenderse. Lo cierto es que de regreso al Silver nos tocó prácticamente detrás de Marco (siempre en cabeza), Jimi iba a su lado. Cuando acabó de exponer las posibles alternativas vespertinas de ocio, aproveché para cambiar impresiones con él y conocerlo un poco. Le felicité por lo bien que hablaba el castellano, nos comentó que era su herramienta de trabajo y que para perfeccionarlo había visitado España en varias ocasiones, le pregunté que donde estuvo: «en Madrid, Salamanca, Ávila, Córdoba, Sevilla y Jerez» que le había gustado mucho nuestras gentes, clima y las estupendas comidas» − ¿Has probado el jamón y el vino? −, «exquisitos» Me había puesto una pregunta incomoda en bandeja, ¿eres hinduista?, respondió que por su puesto, le indiqué que tenia entendido que eran vegetarianos, hábilmente se escabulló como pudo. No se como fue pero comenzamos más que hablar a discutir de las clases prescritas en su religión, y como afortunadamente habían pasado a mejor vida. Descontento con esa respuesta se posiciona a favor de las estructura de clases, defendía que él jamás se casaría con una mujer de una clase más baja, «pero bueno, si conoces a una chica y te prendas de ella, y te da ese pellizco imposible de refrenar, y descubres que no es de tu clase, ¡que haces!», me quedé asombrado cuando me respondió que cortar, que esa unión no seria natural. Encontré el apoyo unánime del grupo, le recriminamos la sinrazón de tan arcaicos preceptos, comencé a sentir cierta repulsión por tal actitud, incluso por su persona. Abandoné la conversación, aunque él siguió con los demás justificando lo injustificable, en un tono bravucón y prepotente, desde entonces pasó a mis notas con el apelativo de “el fascista”. Jamón, vino y clasismo no eran buen maridaje, motivo más que suficiente para cortar.

por fin llegábamos al Silver Ferns

Queriendo olvidar el último pasaje llegamos al hotel, tan sólo nos restaba antes de regresar a casa una noche en la India. Recogimos el equipaje y tras dejarlo en la habitación acordamos almorzar en el restaurante. Allí estaba el grupo al completo, llegamos los últimos por lo que tuvimos que ocupar una mesa aparte. Mientras degustábamos una fría kingfisher repasábamos los días, tantos como llevábamos lejos de nuestra tierra y como las ganas de llegar a casa iban en aumento, en estos momentos deseábamos sobre cualquier otra idea, reencontrarnos con la rutina de la vida cotidiana, el tiempo se convertía en una cuenta atrás. Tomamos helado de postre y le proponía un deseo que ya anhelaba desde hacia días, −no hacer nada−, una siesta sin despertador, ordenar el equipaje y prepararnos para la cena de despedida.

 

Eran las siete, ya de noche, cuando aparecíamos por el hall, nos cruzamos con Ander y Sol que subían apresurados a prepararse para la cena, regresaban de la calle de adquirir los últimos regalos. Me sentía extraño con pantalones largos y mi viejo jersey de cremallera de AD, −han sido tantos los días en los que han primado los cortos y las cangrejeras−. Después de tanto ajetreo, la siesta de dos horas hasta despertar resultó reparadora, la ropa limpia y el próximo regreso habían supuesto una inyección enorme de ánimos. Propuse dar un paseo por los alrededores y curiosear, salimos por la puerta opuesta a los aparcamientos, la verdadera entrada al Silver, a nuestros pies una zona peatonal llena de tiendecillas que pisábamos por primera vez, gentes paseando y niños correteando hacían de aquel espacio un lugar agradable y cercano. Nos sentamos en un banco como meros espectadores, fumando unos cigarrillos y dejando que el tiempo nos sostuviese en su seno y nos alargase hasta la cita. Regresamos al hotel, las vallisoletanas que ya esperaban nos pidieron que añadiésemos una dedicatoria al regalo de Marco, Francisca decretó que yo fuese el encargado. Salimos a la explanada terriza donde ya comenzamos a fumar el día que llegamos, aparecieron Lidia y Toño que también buscaban un lugar donde poder expeler humo. Nos preguntaron sobre la dedicatoria y lo bonito que era el libro, nuevamente recuperábamos tantos momentos mágicos que habíamos compartido:

los alrededores del Silver Ferns

Chandni Chowk en ciclo-rickshaw, las gentes de Abhaneri, la cara oculta de la luna en el chiringuito de Romeo, el encantador Tispal Negi, Francisca Guriji en Gwalior, las cervezas en las cubiertas de Chaturbhuj, el batacazo de la bici en Singapura, la entrega de material escolar en Kundapura, el baño al amanecer en el Ganges, el extravío de Francisca en el Templo Dorado o la banderita en su pelo en la frontera de Pakistán, tantos y tantos recuerdos que apostábamos, seguro terminarían en la emotiva cena del Balluchi.

 

Parecía como si nos hubiésemos arreglado para la ocasión, las chicas lucían elegantes vestidos de ciudad, nosotros no nos quedábamos atrás. A la hora prevista subíamos al autobús, recorreríamos aquellas calles que ya resultaban familiares. De Saket Mandir Rd a Press Enclave Marg y nuevamente por Sri Aurobindo Marg, la avenida Norte a Sur que cruza la ciudad; accedimos cruzando el lujoso barrio de Hauz Khas para que nuestro vehículo quedara aparcando en la Khas Village, el último tramo lo hicimos paseando por la vieja arboleda del Parque Municipal Deer, uno de los mayores de la ciudad, con sus 150 hectáreas está considerado un verdadero pulmón para esta cosmopolita Delhi, famoso y muy visitado por los delhiites, atraídos por su excelente vegetación, árboles, praderas, el gran lago, el curioso cercado con muchos ciervos o, algunos de los restos de pequeños mausoleos mogoles que salpican su recinto.

la última cena en el Park Balluchi

La oscura noche velaba las copas de los árboles de un negro intenso tímidamente iluminadas por unas escuetas farolas que en el paseo dejaban divisar al fondo de la leve cuesta por la que transitábamos los rótulos de un elegante restaurante, el Park Balluchi. Como reza en su carta, −se necesita toda una vida para construir una tradición, sinónimo de buena hospitalidad y satisfactoria experiencia para todos nuestros clientes nacionales e internacionales, comprometidos en una excelente hospitalidad, estratégicamente situado en “el corazón del Sur de Delhi”, en el Deer Park, con vistas a las manadas de ciervos, en un entorno selvático en el centro de exuberantes paisajes verdes, especialmente creados para los amantes de la naturaleza y un regalo visual para los sentidos, un lugar favorito para famosos invitados.− Y tan orgulloso se encuentran los responsables del establecimiento, que en una placa se hacen merecedores de los Premios Nacional y Regional de Turismo al “mejor restaurante de la India” y de “excelencia”, otorgados por el Ministerio de Turismo.

 

En un claro de la espesa arboleda aparecen unos pabellones con grandes cristaleras de madera medio oculto entre tantas macetas, jardineras y parterres. Por unas escaleras accedimos al recibidor, un elegante metre nos daba la bienvenida, a su izquierda quedaba el bar y los aseos, a la derecha tras unas puertas de madera que nos abrieron amablemente se encontraba un coqueto salón, en varias mesas algunos comensales cenaban placidamente, la nuestra, ovalada había sido preparada para la ocasión, sobre el mantel un par de centros de flores, unos platillos con deliciosas tortas de naam y chaptis y unos bols con pequeñas cortezas, supongo que de arroz o maíz, con abundante picante. Acomodados todos, la mesa quedaba presidida por Marco, a su lado las chicas, siempre atentas y dispuestas a coquetear, en el extremo opuesto quedamos los casi inseparables cuatro, Toño, Lidia, Francisca y yo. Pedimos unos platos para compartir y algún que otro personal, tandoori chicken, paneer tukra, peshawari naam, khumb, murg patiala, fish pattrani, dall balluchi y otros que no anote. Mientras llegaba la comanda, dábamos buena cuenta de las tortitas, entremeses y las últimas kingfisher, se cruzaban entretenidas conversaciones sobre recuerdos y experiencias recientes de tan maravilloso viaje a punto de finalizar. La velada discurría en un tono distendido, cariñoso y entrañable; me preguntaba para mis adentros, quizás no vuelva jamás a reencontrarme con ninguno de estos viajeros, es el destino. En una cosa si estábamos todos de acuerdo, Marco igual que resultó en Indonesia había resultado ser un perfecto aglomerante y dinamizador, y bien que le estamos agradecido.

 

Mientras esperábamos los postres, Gema hacia las veces de maestro de ceremonias, sentada a su izquierda se puso en pie y desgranó con emoción las múltiples experiencias y momentos vividos desde aquel día ya lejano de primeros de octubre; como no recordar el comienzo, aquella zozobra por la vacilante pérdida del enlace en Heathrow del vuelo a Delhi. Pero en que se queda eso después de contemplar el Taj Mahal, la subida a Amber en elefante, la película English Vinglish en el Raj Mandir Cinema, el manantial de Bhadaiya Kund, la entrega de material escolar en Kundapura, las cremaciones en Manikarnika, la impresionante estupa de Dhamekh o el magnifico Mausoleo de Humayún aún tan reciente en nuestras retinas. Marco también emocionado respondía, «seguro que nos volvemos a cruzar».

A tale of Gods and Demons

Sus ojos le brillaban cuando nervioso abría el regalo del grupo, cuando abrió el libro «Ramayana. A tale of Gods and Demons» y ojeo las bellas estampas de sus páginas reboso en agradecimientos y tras leer las dedicatorias tuvo unas palabras de recuerdo para cada uno, excelente colofón. Sobre las doce regresábamos al Silver Ferns, el silencio resultaba sepulcral, quizás la hora o quizás el fin de la aventura.

Nos despedimos de Pepi, ya la esperaba un taxi, su enlace a Barcelona la obligaba a partir esa misma noche. El día siguiente fue de tránsito y vuelo a Barajas, allí mismo nos despedimos de Isabel, María Jesús y Milagros, Pepi, Ander y Sol y Fina que enlazaban con vuelos interiores a sus respectivas ciudades, acompañados de los madrileños Antonio y Lidia, Gema y Marco buscamos unos taxis, en la misma parada nos despedimos con fuertes abrazos y miradas de aquellas que retienen el alma; en otro acompañamos a Marco que dejamos cerca de su casa para despedirnos con −hasta otra ocasión−. Continuamos hasta nuestro hospedaje cerca de Atocha. Cerrábamos definitivamente los ojos a la India la madrugada del 21 de octubre de 2012.

 

 

Víctor Díaz López

Abril de 2014

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