Viaje al SUR de ARGELIA

6 días por el Tassili n'Ajjer en el desierto del Sahara, diciembre de 2018

 

con BANOA

diario reelaborado a partir de las notas tomadas en el propio viaje

Este diario es fruto del viaje que realicé la semana del 1 al 8 de diciembre (de sábado a sábado) al sur de Argelia. Un trekking de seis días por el «Tassili n'Ajjer», una de las muchas áreas montañosas del desierto del Sahara. Llamada por su pobladores bereberes, «la planicie de los ríos» y como le gusta describirla a Tamayo, una «formación montañosa plana», inscrita como patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1982, cuya superficie es de unos 120.000 km2, encontrándose ocupados por la roca 80.000 (datos aproximados). La agencia que ha organizado el viaje es la vasca BANOA; quince viajeros más el guía vasco Tamayo, españoles. Durante los seis días que ha durado la travesía en la que hemos recorrido 130 kilómetros a pie, el grupo ha dormido en tienda de campaña. Nos ha acompañado un pequeño grupo de apoyo de bereberes, el cocinero, su ayudante, el chofer del vehículo que ha trasladado todos los enseres y el guía local. Desconectado de toda tecnología, ha sido una experiencia apasionante.

 

Y fue leyendo el libro de Andrea Wulf, «La invención de la Naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboltd», de la editorial Taurus, que versa sobre la biografía del que sea posiblemente el creador de la Geografía moderna, cuando en el Capítulo 16. Rusia, narra el viaje que naturalista alemán, a los 60 años, emprendía desde su Prusia natal hasta la frontera de Rusia con Mongolia, con objeto de reconocer el Macizo de Altái y poder realizar comparaciones con los datos tomados en su juventud en Hispanoamérica. Cuando pensé en aquella aseveración suya que decía: «A mi edad no debe aplazarse nada» (pág. 260), entendí que debería aventurarme en esta experiencia, que elegí al coincidir con la llegada a casa del cuadernillo de viajes de BANOA.

Pero comencemos por el principio. El sábado 1 de diciembre me levantaba muy temprano, a las 7:15 llegábamos al aeropuerto SVQ y mi hijo me despedía con esa frase tan recurrida «papá, que lo pases bien». Pensé, ya os contaré a la vuelta cómo se han portado mis piernas. A las 10:00 estaba ya en el BCN, terminal 2 del Prat en Barcelona. Aún me faltaban seis horas y media para el encuentro con el resto de compañeros y el guía en el punto fijado por BANOA, tediosas horas que pasé como pude, de un sitio para otro, sentado un rato aquí, otro allá, veía cómo iban pasando los minutos y las horas. Por fin, las 16:30, cuando llegué aún no estábamos todos, impresionante como Tamayo, el guía, recordaba el nombre de todos, nos nombraba sin equivocarse ni una sola vez y repetía sin error cada vez que se incorporaban algunos, como los del enlace de Madrid.

 

Embarcamos con destino a Argel en el vuelo AH2015 de Air Algerie quien pese a tener fijada la hora de salida a las 19:05, saldría con más de una hora de retraso, tónica que repetiría la Compañía en todos los desplazamientos. En la zona de embarque, en la inevitable espera, ya nos íbamos conociendo. Con quién primero compartí mis primeras impresiones e intercambié unas palabras fue con Miguel, manchego de Valdepeñas en Ciudad Real —extrañamente nunca mencionó su ciudad. Cada vez me resulta más lamentable cómo en estos viajes se percibe el desarraigo patrio; aún retengo en la memoria el cambio de guardia en la frontera indio-pakistaní y el orgullo de pertenecer a sus respectivas naciones—, es informático, trabaja exclusivamente para las farmacéuticas, primera impresión, joven, ameno y dicharachero. Cuando charlábamos se nos unió Joan de la localidad barcelonesa de Manresa, se dedicaba al negocio de la venta de zapatos, de pocas palabras.

salida aeropuerto BCN

Cerca de las nueve arribábamos al Aeropuerto Internacional Houari Boumedienne de Argel, recogimos los equipajes y marchamos a la Terminal de Vuelos Nacionales que se encuentra justo al lado. Tomaríamos el vuelo domestico AH6292 de Air Algerie cuya salida prevista a las 22:00 se demoraría otra vez, en este caso casi dos horas. Por fin conseguimos llegar al Tiska Airpot de Djanet sobre las dos de la madrugada; aún teníamos que rellenar un nuevo formulario de permanencia en este caso, de la provincia del sur Illizi y la recogida de equipajes. En el vuelo tuve de compañera de asiento a Marisol, bilbaína acogida por razones de trabajo en nuestra tierra, donde reside desde hace ya casi treinta años en Almería. Es una mujer entrañable con un hablar pausado que da mucha confianza, me comentó que trabaja en el Servicio Andaluz de Salud de la Junta de Andalucía, es médico y coordina asuntos de prevención de infecciones.

exteriores aeropuerto de Djanet

La llegada ha sido accidentada o, mejor dicho, tediosa por la acumulación de retrasos. Cuando llegó el microbús que nos trasladaría a la población, a más de 30 kilómetros del aeropuerto, ha provocado que hayamos llegado al albergue cerca de las tres de la madrugada. Distribuidos en habitaciones por sexos serían las cuatro cuando comenzábamos a quedarnos dormidos, derrotados por tanto ajetreo. Nuestro guía nos avisaba de que dispondríamos de una hora más de sueño de lo previsto, pero que para cumplir el recorrido de mañana, quizás debiera decir hoy, estaríamos a las 7:00 en planta.

desayuno albergue Djanet

Creo que fui el primero en levantarme, un cuarto de hora antes de lo previsto, incluso me sentía descansado. Ya era de día, el sol sobresalía del horizonte. Aproveche esos minutos de silencio y la claridad para reconocer el albergue. Es una humilde construcción, de una planta, al final de una parcela, a la que se accede por un pequeño callejón rodeado de otras dependencias domésticas que desembocan en un patio. Al fondo subiendo unas escaleras que salvan algo más de un metro se encuentra el propio albergue, propiedad de la agencia que colabora con Banoa, «Takassit Voyages». Podríamos pensar que es precario, y que nos recuerda tiempos pasados, pero está limpio y para el tiempo que estamos en él, suficiente. La escalera da paso a un gran porche cubierto con un cañizo espeso; de frente se encuentran cuatro habitaciones con unas colchonetas, a la izquierda un pasillo, al fondo, la cocina y frente a los últimos dormitorios un baño común sin distinción de sexos, con dos duchas y dos inodoros en cabinas cerradas e independientes y un espacio común de distribuidor para dos lavabos. Para ganar tiempo y evitar el ruido, los preparativos del desayuno quedaron colocados anoche. También tuve tiempo para salir a la calle e inspeccionar por lo menos el vecindario más cercano. Unas casitas humildes de una y dos plantas con puertas pintadas de colores vivos y recercadas con cenefas de azulejos serigrafiados, muy del gusto popular en nuestra Andalucía. Si no fuera porque una de estas puertas estaba coronada con dos cuernos de muflón, podríamos pensar que nos encontrábamos en cualquiera de los pueblos de la Sierra Sur sevillana.

arquitectura popular Djanet

Poco a poco se iban levantando el resto de compañeros y el guía, nuestros anfitriones los bereberes preparaban el desayuno. Unas mesas alargadas bajas, sobre unas alfombras, eran rodeadas por las colchonetas utilizadas para dormir. Té, café, leche en polvo, mantequilla, mermelada y pan, decían que hecho por los nativos en horno de leña, y a mí me parecían baguetes de Mercadona (les faltaba la bolsa de papel y celofán). Después de reponer fuerzas se repartieron unas bolsas con un picnic: un trozo de pan, un huevo duro, una lata de sardinas y una naranja. Era el primer encuentro con el grupo bereberes que nos acompañarán en todo el recorrido, el guía local, «Khami»; «Abderramán», el conductor del vehículo de apoyo, un todo terreno en el que cabía todo, equipajes, colchonetas tiendas de campaña, cocina, las mesas bajas alargadas, las alfombras y el tenderete de cortaviento; «Tajer», cocinero de exquisitos y básicos manjares y «Dodo», su ayudante, además de muy buen guitarrista.

Khami prepara el té en el albergue_02dic

Iniciamos nuestor periplo por el Sahara, en el Sur de Argelia. Salimos de DJANET, hoy 2 de diciembre de 2018, domingo y cuando en mi tierra se celebran las elecciones autonómicas al Parlamento, en querida Andalucía.

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© Víctor Díaz López