caminando por la Isla Mínima 30/diciembre/2014                   03/noviembre/2016

Tiempo hace ya que se estrenó el film de Alberto Rodríguez, “la Isla Mínima”, a finales de septiembre del 2014. Y tiempo hacía que teníamos acordada una caminata por las tablas de arroz entre Isla Mayor y el Guadalquivir, como siempre se posponía semana tras semana. Por fin, y aprovechando el impas de las vacaciones navideñas quedamos emplazados en un día bastante frío,  el 30 de diciembre. La coincidencia con la gran acogida de la película, provocó que relegase en el tiempo –hace ya casi dos años– la consideración de exponer las reflexiones que me provocaron aquellos extraordinarios momentos del amanecer y las distancias casi infinitas de lo que antaño fuese el lago Ligustino, ¿Será ahora el momento oportuno?

Citados a las seis de la mañana, fui el primero en llegar, unos minutos más tarde, el amigo de Ojeda, el grupo se cerró con Gabriel, el impulsor de la idea y con Javier. Después de recorrer 23 kilómetros que separan Puebla del Río de la Isla Mayor dejamos el vehículo en el extremo sur de la travesía, muy cerca de las industrias de transformación del cereal, dispuestos a caminar.

Caminar es rastrear el medio físico, sentirse incurso en el paisaje. Es apasionante ser insignificante, uno más, una mínima partícula del Universo.

Es apasionante sentirse poca cosa, uno más, una mínima partícula del Universo. Una de estas ocasiones la podemos practicar dentro del territorio, esos parajes de la planicie del Río, roturados por el hombre para extraer el fruto de la tierra. Y si además la experiencia, la aderezamos con el discurrir del tiempo, los recuerdos serán (son) imborrables.

 

Mi última ocasión en la que he practicado dentro del territorio este ejercicio ha sido el pasado 30 de diciembre. Con dos amigos y un agregado, acordamos registrar el amanecer en la ribera del Guadalquivir, en esos parajes de la planicie del Río roturados por el hombre para extraer el fruto de la tierra, en los arrozales de la Isla Mínima. 19 kilómetros disfrutando del territorio, de sus texturas en la noche, en el amanecer y en el mediodía. Avistamiento de pájaros, cigüeñas negras y blancas, cormoranes, aves fría, garzas reales, garcetas, garcillas, espátulas, corre limos, gaviotas, cernícalos, águilas,... experiencia que aporta a la memoria recuerdos que con el discurrir del tiempo serán (son) imborrables.

Víctor Díaz López
Calle Botica 4
41701 Dos Hermanas

 

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